Breve
presentación del poemario de Eli Neira:
“HAGO
EL AMOR CONMIGO MISMA”
Rosa
Emilia del Pilar Alcayaga Toro
Empezaré con un
relato: Un joven griego llega a una de las islas de Creta. Su nombre es Anceo. Habrá
un enjambre de sucesivos sismos culturales como sucesivas invasiones de
distintas tribus que, subterráneamente, avanzan con la espada y el hierro por
delante, son los precursores de cambios profundos en la historia de la
humanidad. Ante una sacerdotisa y a solicitud de ella en representación de la
Triple Diosa, Anceo cuenta “…por desgracia, sagrada ninfa –dijo el joven-,
nuestros señores adoran al Triple Dios como deidad soberana y odian en secreto
a la Triple Diosa. La ninfa se pregunt(a) si no habría entendido mal sus
palabras. –Y ¿quién podría ser el dios padre?-…”. En cuanto a los griegos
–responde el joven-, “su razonamiento es el siguiente: ya que las mujeres
dependen de los hombres para su maternidad…, los hombres son, en consecuencia,
más importante que ellas. –Pero ese es un razonamiento de locos –exclam(a) la
ninfa” (Fragmento de un cuento que se llama El Vellocino de oro, p. 13 y 14).
A propósito “El
mundo de los hombres”, es el título de un poema de Eli Neira: “El mundo que los
hombres blancos han creado / ordena, clasifica, jerarquiza; / Primera
categoría, segunda categoría, tercera y última categoría / El mundo que los
hombres blancos han creado… / En este mundo / La vida se contabiliza, se
acumula y acapara…” (p. 38).
La respuesta es
política. Es la rabia de todas las mujeres catalizada hasta el punto de
explosión. En el camino pedregoso en el que me inscribo y desde donde hablo
para escribir esta breve presentación, decirles que adhiero a un cambio de la
noción de literatura en donde ésta emparienta con lo social y lo político, considerada
como un cuerpo escritural atravesado por una ideología y como producto de determinadas prácticas
culturales.
Por eso
concuerdo con Cándida Elizabeth Vivero Marín que escribe: “La teoría literaria
ha transformado su noción de literatura a lo largo del tiempo: de un sentido
meramente artístico ha pasado a una noción social, cultural y política”. No es
aquel objeto literario neutral que brilla desde lo alto como nos hicieron creer
los poetas dioses, varones engreídos que pueblan de prisiones este mundo con nuestras
voces. Nosotras como una cuerpa prisión que hoy levanta su voz. Nos rebelamos.
Nuestras voces gritan “el Estado opresor es un macho violador” (Lastesis).
Hablamos. Escribimos. Y no nos queda otro camino que hacerlo desde nuestra
cuerpa, que es una cuerpa colonizada, materialidad en la que siguen vigentes,
como si fuese un tatuaje, los distintos signos de esa colonización, a través de
novedosos dispositivos y nuevas formas y tecnologías de control que se
escurren, muchas veces sin darnos cuenta, por entre las hendijas de las
prácticas cotidianas, en el consumo y en el lenguaje. Y Eli escribe “te juro
que no puedo / en ningún momento / huir / de las esquirlas de tu corazón de
molotov / que no para de estallarme en la cara” (p.99).
En nuestra escritura
habrá de esculpirse nuestra cuerpa, en ese, el primer campo de batalla.
Escritura literaria como producción de otras significaciones a los signos
aceptados socialmente como femenino y masculino, en donde desarmemos aquel
axioma patriarcal de que los genitales deben ser los que marquen una obligación
de identidad.
Del poema
“Amiga, eres tan hermosa”… “Transformar estas ganas que tengo de besarte la
boca, la nuca, / la punta de tu corazón
y de tu clítoris…” (p.107).
El modo como cada una escoge construir
su mirada sobre lo femenino, tiene en el campo de la literatura el modo de narrar
que más les interese. No hay fronteras. Los temas se repiten con poca variabilidad
y la originalidad se encuentra en el modo de construir el texto, sus matices
estilísticos y el lenguaje, como desarmamos la frontera de los géneros
literarios y no literarios, de la ficción y la no ficción. Hablar de nosotras,
es a la vez una necesidad y es algo que nos toca directamente y el modo de
abordarlo va variando de acuerdo con el tiempo, el espacio y el momento
histórico. Consciente o inconscientemente expresando imágenes de nuestro tiempo. Conocí
a una escritora afrobrasileña Concepción Evaristo que escribe “Si para algunas
mujeres el acto de escribir está imbuido de un sentido político, en tanto
afirmación de autoría de mujeres ante la gran presencia de escritores hombres
liderando numéricamente el campo de las publicaciones literarias, para nosotras,
ese sentido es redoblado. El acto político de escribir viene acrecentado del
acto político de publicar…”.
Las narrativas de Concepción Evaristo tienen muchos personajes y situaciones
que se asocian a esta “estética de los escombros”. A Concepción la conocí hace
muy poco y me sorprende como puedo verla en la escritura de Eli Neira en este
libro que hoy presento “Hago el amor conmigo misma” (2020). Chiguayante:
Amukan. Editorial Itinerante.
Eli Neira es una escritora de la
resistencia. Resistencia como tema y en cómo la autora lo aborda; y así mismo
como proceso inherente a la escritura desde los resquicios de la memoria y las
formas de su narrativa poética. Eli Neira todes conocemos: es una brillante
performer. Y hoy 15 de enero del 2021 su libro de 100 páginas me sorprende por
su escritura muy plástica, maleable como la greda de Pomaire, de nuestros
campos, escritura sin amarres canónicos y un estilo que la
distingue a cien kilómetros. Y no es una exageración. Y yo regateo mis
alabanzas, ríanse nomás. Con una poesía diversa y disruptiva y una prosa
cáustica que nos deja heladas. Un libro que reúne palabras e imágenes de su
narrativa performática, le dan un sentido especial y lo enriquece de manera
sustantiva.
Decía que la escritura de nuestra autora
tiene cierto parecido con la escritora afrobrasileña Concepción Evaristo, en
particular en su prosa. “Recreaciones labradas en la mezcla entre la escucha
del otro y la narración literaria” (op.cit. p. 26 .y que Concepción llama “premeditado
acto de trazar una escribivivencia”.
Leeré entonces un fragmento de la prosa
que recoge Eli de las voces de nuestras mujeres, una escribivivencia que se
llama Naturaleza muerta:
“Sacarás tu sexo muerto como una anguila
mucho rato hervida y me forzarás a resucitarla. Entre sollozos lameré y lameré
sin resultado alguno, me dirás que soy una estúpida, me golpearás en la cabeza
y mientras me desvanezco ocurrirá el gran milagro. Entonces me penetrarás por
detrás, yo gritaré de dolor, tú reirás y reirás como el mismo demonio. Yo
lloraré, me desmayaré y en medio del charco de sangre me dormiré maldiciendo mi
suerte. Al otro día no habrá palabras
amables. Me exigirás desayuno. Yo taparé mi cara amoratada frente a las vecinas
que ya lo saben todo, porque es siempre la misma historia. Para ti huevos
revueltos, pan tostado, una cerveza y cigarrillos que he pedido fiados al
casero de la esquina…” (p. 37).
Para finalizar y esto es un milagro
porque nunca escribo tan corto, pero acá en el Bar Restaurant “Las raras” -si
vienen a Valparaíso, queda en Yerbas Buenas uhmmm sugestivo nombre, subida
Ecuador-, doña Eli me dice cortito, es que… la pandemia y las multas y la
mascarilla y la distancia social y el jabón y las manos y el alcohol gel, será
otra historia cuando vengan los pacos.
Entonces, a apurar el tranco. Pero no puedo dejar de contar lo que me sucedió
leyendo a unos amigos y amigas de Santiago que se reúnen en un taller y que me
invitan de vez en cuando, vía online. Les leí el poema de Eli “Hago el amor
conmigo misma” (p. 41), que es el nombre de este libro. Y los varones se
sintieron atacados hasta cierto punto porque decían que las mujeres ahora
querían dejarlos a un lado, heridos en su amor propio de macho, que eso que
decía el poema era como una afrenta hacia ellos. Muy sorprendida de sus
reacciones les dije que, en ese poema, no sé si estaré equivocada, había un
gesto de independencia de las mujeres; porque ellos han gozado su cuerpo
masturbándose sin complejos, antes les prohibían cuando eran niños, cierto,
pero igual lo hacían y profusamente, hasta juegan para probar puntería y
distancia. Les dije de qué manera llamaban coloquialmente a su propia
masturbación, que no se hicieran los lesos. Y que las mujeres nunca tuvimos esa
misma libertad, es más, creo que hasta hoy muchas mujeres ni siquiera saben
cómo masturbarse ni siquiera ellas conocen su cuerpo. Nos han enseñado que
debemos ser pudorosas y decentes, léase pudor, no mostrar nuestro cuerpo y lésase
decencia, seguir las normas vigentes como mujeres recatadas. Y este poema de
Eli como acto de rebeldía tiene que ver con nuestra propia liberación. Y allá
ellos si quieren pensar otra cosa. Pero fue, después de todo, una conversa muy
interesante, lo curioso era que yo tenía que decirles o picarles la guía, oigan, no me vengan con cuentos, ustedes conocen,
me imagino, a una doña que se llama Manuela ¿o no? Y esa noche, en el
encuentro, conocí los apellidos de esta dama, ella es Manuela Palma Calloza.
Quiero agradecer finalmente a Eli Neira por
darme esta posibilidad de leer su trabajo poético reunido en este libro y por
estar aquí presentado “Hago el amor conmigo misma”, un viernes 15 de enero 2021
a las 20.00 horas. Muchas gracias.
Atávica y abyecta: la voz / cuerpa de Eli Neira
Carolina Lara B.
Periodista y curadora de arte
A través de
“Hago el amor conmigo misma”, por primera vez es posible reconocer en su amplia
dimensión la voz y el cuerpo (de mujer)queEli Neira ha construido con admirable
valentía desde comienzos de los 2000, cuandoparecía que estaba abandonando el
periodismo para dedicarse a una revolución interior que la volcó de pronto a la
poesía y la performance. Quienes la conocíamos por entonces estábamos cuando menos
curiosas por saber qué estaba engendrando la compañera, con quien colaborábamos
como periodistas de Cultura enel diario El Mercurio, la amiga de tantas
conversas y de farras en un Santiago adornado de posdictadura.
Pronto salió Abyecta (2003), un poemario prologado
nada menos que por la gran Diamela Eltit,donde no era poesía sino una lengua filosa
y procaz la que se instalaba cruzando un imaginario entrelo pornográfico y lo
político, riéndose de las fórmulas del canon y de la academia, asimismo del
patriarcado y de las instituciones, hablando desde una suerte de soliloquio
impulsado por la rabia y –por supuesto– desde un placer por la abyección.
“A nosotras las
reinas/ a las que todos querían dar por el culo / aunque nos doliera / aunque
nos atoráramos gritando que ¡No jetón! / ¡Te digo que no! / ... /Ahora nos
dicen perras / ellos / los fornicadores / Y algunos se postulan para huevadas y
desde la micro / vemos sus nombres en las paredes de los eriazos”: en “El
tiempo no fue generoso con nadie”,va evidenciandodónde están parados quienes
fueron tal vez poetas -revolucionarios, desde el habla de sus ex amantes. Mientras
que el poema “Abyecta” es la declaración de una suerte de ninfómana: “Me he
acostado con tu padre / tu hermano y tu hijo, por no nombrar a tu tío y a todos
tus amigos / Con tu abuelo fue imposible y tu madre se salvó por vinagreta…”,
para terminar gritando:“Y / es que / además de PUTA / soy LOCA / FLOJA / SUCIA
/ TONTA / TERCA / BRUTA / IGNORANTE / TACAÑA / SORDA / COJA / Y / MALA”.
El libro que
presenta Editorial Amukan en enero del 2021 es una recopilación que incluyealgunos
de esos primeros versospublicados, hasta llegar a escritos del 2020, el año en
que ingresamos definitivamente en este mundo distópico, donde el feminismo es uno
de los paradigmasque se levanta con fuerza frente a la crisis total. Junto a la
poesía de Eli –porque sí, es poesía la delicia de sus operaciones de lenguaje,
el arrojo y su sentido de verdad– hay también imágenes de performances
realizadas entre el 2006 y el 2019, que dan cuenta de la cuerpa que se instala
en paralelo, siempre desde la marginalidad y en resistencia crítica a las
estructuras de poder.
Pienso en la
significación de la portada, que nos muestra a esta engañosa mujer de vestido
blanco ingresando en lo profundo de un río, rodeada de naturaleza, avanzando en
parte sumergida y arrastrando una silla también blanca en medio de las ondas
del agua que van quebrando su reflejo, junto al título que se refiere al
onanismo, nominado como un acto que implicaríaautosatisfacción sexual y amor
propio. Piensoen los sentidosque emergen detodo esto, en la pertenencia atávica,de
liberación y también de ilusión.
El poemario va
ferozmente corrompiendo esa imagen de mujer que por siglos se ha instalado desde
la opresión patriarcal, la idea impuesta de erotismofemenino, la
objetualización de nuestras cuerpas y el tormento del amor romántico. Eli Neira
se conecta con el dolor y la oscuridad que puede habitar en el ser mujer, lejos
de los estereotipos, de frente a la violencia, permitiéndose ser la peor. He
allí su poder. Es un cuerpo erotizado desde lo ominoso que goza, ríe, insulta y
sufre condenando al mismo tiempo al amante que violentay abandona,a los poetas
(hombres), a la institucionalidad del arte y la cultura, a la Patria, apareciendo
a ratos una escenografía, la ciudad nocturna, periférica. Casi escucho algún alarido
punk (“Womanonfire / Tus pecados lavaré / Yeeeeeeeeehaaaaaaa!!!!!!!”) en algún
decadentebar de Santiago,disfrutando la sordidez de la “autoproclamada reina
del under”.
Eli Neira dice
las cosas como son. Generalmente, se dirige a un receptor presumible o
evidentemente hombre, cruzando el imaginario del dominio heteropatriarcal con
la crítica política y feminista:“En el mundo que los hombres blancos / han
creado la persona rápidamente / deviene cosa (o propiedad) / y la cosa deviene
desecho / …. /En el mundo que estos hombres han creado / Nos están matando / A
todas nos están matando / Como hace siglos atrás / Nuevamente nos están matando”,
revela en “En el mundo de los hombres”.Las imágenes de “Naturaleza muerta” son descarnadas:
en un tono paródico, llega al acto de la violación desde el crudo relato en
prosa de una situación de extremosometimiento tan cotidiana como insostenible,
donde la figura de ella se mimetiza con la de la mártir.
A través del
libro, hay un retrato del horror de la violencia sexual masculina al que se
enfrentael poder de la sexualidad femenina. Aparecen entonces la puta, la
sádica, la depravada, la despechada, las referencias a la pornografía, la
relación de estos imaginarios con Sade oPier Paolo Passolini, así como también
el autoerotismo.En “Hago el amor conmigo misma”, “Recados amorosos a mí misma”
y “Amiga, eres tan hermosa” hay una propuesta tal vez, una salida, donde el
acto sexual con la propia cuerpaes un acto político: la autosuficiencia, el
amor propio, a mi compañera, a mis hermanas; un espacio de auto placer erótico que
sublima al ego en conexión con lo que hay de escondido en lo profundo de tantas
capas de disfraz: “y es que debajo de este disfraz hay otro disfraz, / y otro
disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz / y
otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz…
”.
Para hablar de
violencia, Eli habla con violencia, encontrando en el posporno un registro
eminentemente político y activista: “Un cuerpo resignificando su sexualidad es
intolerable porque hay poder en ese cuerpo, poder y consciencia recuperado. Y
pareciera que al totalitarismo de mercado le es inadmisible cualquier
redistribución del poder”,dice en el texto “Algunos apuntes sobre posporno”,
publicado en “Hocicona” (2017), libro que reúne su faceta de cronista certera y
deslenguada. De eso se trata el posporno, continúa: “de la recuperación de
nuestra propia sexualidad y de la representación de la misma”,desde la
construcción de otras narrativas, “no heteronormativas ni reproductivas, sino
mitológicas, subjetivas, pansexuales, libertarias”.
Junto a las
imágenes poéticas del libro, las imágenes de performances aportan un carácter
documental y a configurar el lenguaje de Eli Neira también desde el trabajo con
el propio cuerpo, que ha realizado individualmente o en conexión con
otresperformers o con organizaciones, manteniendo redes a nivel local e internacional,
especialmente en Latinoamérica. Un poder aflora también en esa presencia muchas
veces desnuda o semidesnuda, sólo revestida de ciertos elementos simbólicos: la
máscara de lucha libre, la bandera chilena, la cruz, la bolsa de plástico
asfixiando la cara, las amarras, el cuero, las medias. Eli nos habla así desde
las mujeres oprimidas, desde la nana, la obrera, la campesina, la inmigrante,
la condenada a la cárcel, la esposa, la puta, la amante, situándose en un río,
en la ruina, en talleres o festivales, o en algún espacio de Santiago o
Valparaíso (donde reside), con acciones que son rituales de exorcismo en lo
personal, lo colectivo y social.
No está en el
libro, pero imborrable me resulta la performance “El enemigo interno” (2012),
donde –junto a otras situaciones– terminaba defecando sobre la Constitución Política
de Chile de 1980, que justamente hoy buscamos reemplazar tras la revuelta
popular ya través de un proceso constituyente. Esa crítica al Estado se traduce
igualmente en los poemas“Poderosa Machi Francisca Linconao”, referido a la
activista, líder espiritual mapuche y ex prisionera por la Ley Anti-terrorista;
y “Peñi hermano: pocos saben lo que tú”, realizado para los presos políticos mapuche
en huelga de hambre enseptiembre de 2010 en Temuco: “Peñi mi hermano / te estás
inmolando para equilibrar las fuerzas en este universo / desigual / Peñi mi
hermano / te estás desangrando por gracia divina y lo sabes”.
Frente a la
opresión, la furia: la voz /cuerpa de Eli Neira se levanta necesariamente abyecta,
hocicona, políticay mordaz, estableciendo un relato a través del libro desde la
irrupción de una sexualidad femenina obscena, en subversión, hasta llegar a la
idea del amor propio como expansión del ego, donde la bondad, la búsqueda del
amor de los demás sería una consecuencia de “cierta elevación”, “de cierta
luminosidad en el ser”. En “Recados amorosos a mí misma”deja planteada esa
propuesta marcada de misticismo y sin lugar a frivolidades: “Una, finalmente,
quiere amor, eso es todo, ahí se acabó el arte, la vanguardia, la
transvanguardia, las estéticas de la concha de la lora”.