Monday, December 02, 2019

La nuevo sujetx de la re-evolución



Registro de "Un violador en tu camino" 


Por Eli Neira


       Hay algo que definitivamente el gobierno y los grupos empresariales no están entendiendo de esta crisis, y es que el / la sujetx histórico cambió. Y no cambió un poquito, sino que cambió radicalmente. Me atrevería a decir que estamos frente a un cambio paradigmático, un cambio civilizatorio, justo el que estábamos necesitando para no extinguirnos ante la voracidad del capitalismo neoliberal en su fase final de acumulación. Fase final porque ya no hay más recursos que depredar, no hay más planeta.
       Lo que hemos visto en estos días es que estamos ante dos tiempos históricos que chocan, el de la re- evolución que quiere superar el neoliberalismo y toda su indignidad y el de la guerra fría, un paradigma obsoleto que trata de ser aplicado a un tiempo que le queda muy grande. Entre otras razones porque la sujeto histórico ya no es para nada el mismo que el de la guerra fría. Internet y el mercado global moldearon un ser completamente diferente. Hipercomunicados, capaces de construir hora por hora una subjetividad hedonista (que el mismo mercado propicia y se beneficia de ella) ya no estamos dispuestos a ser abusadxs.
       Esta nuevo sujetx, no le tiene miedo al estado, porque se sabe de alguna manera “acreedor” de ese estado al que alimenta con sus impuestos. Entonces la doctrina de shock ya no funciona con este nuevo actor que sale a la calle empoderadx e indignadx exigiendo derechos, porque el polo de poder cambió, ya no está en la cúpula, sino que ha regresado a la base.
       La nuevo sujetx se comunica de manera simétrica y autárquica, sin mediadores a través de las redes y no reconoce más autoridad que su deseo. Es activa y performática, desde que la sociedad del espectáculo le dio una cámara y una tribuna global. Por lo tanto quiere ser parte de la historia, no padecerla como sus padres y abuelos.
       Esta sujeto se encuentra de pronto en medio del tiempo de la re- evolución, que es un tiempo otro, un tiempo maravilloso, donde se suspenden las reglas del juego, se trastorna el cotidiano y se abren las puertas invisibles que contienen todas las posibilidades. La revolución es un tiempo acelerado y denso que sin embargo nos revela y construye a la vez otra realidad, un nivel diferente. Es el tiempo que corresponde al salto cuántico.
       Y como tal está pletórico de posibilidades. También de muerte. Muerte y cambio, muerte y cambio, muerte y cambio, son los polos del Pachakuty, el tiempo aymara de la transformación.
        El imperativo del aquí y ahora de la protesta permite al manifestante justamente exponer toda su potencia creativa, la misma que durante años fue cooptada por la productividad mecánica y el mercado. No en vano el gobierno ha puesto todos sus esfuerzos represivos en este “manifestante” porque lo intuye a caballo en un nuevo poder. Poder que se revela como lo necesario para enfrentar la necropolítica de la mutilación y la maximización de la pedagogía de la crueldad, articulada por una clase en absoluta decadencia moral e institucionalmente sin ninguna representatividad, que se aferra cada vez mas patéticamente a lo único que conoce, el abuso de poder.
      Pero la exhibición obscena de su propia pudrición ya no tiene otro destino que el fracaso absoluto. Verlos caer uno a uno, por el peso de su propia decadencia es solo cuestión de tiempo, porque nosotros ya ganamos. Ganamos desde el momento que hartos y conscientes de nuestro hartazgo salimos a la calle sin miedo para decirles que ya no deseamos ser lo que ellos son y que no deseamos lo que ellos quieren vendernos y eso tarde o temprano devendrá en nuevas y creativas formas de hacer sociedad en un mundo sin recursos.
       Su propia violencia está generando en nosotros una unidad que desconocíamos y hemos vuelto con urgencia a generar comunidad, rompiendo de una vez y para siempre la atomicidad del individuo posmoderno que atenúa su inconmensurable soledad consumiendo cosas que no necesita.
     El proceso tomará tiempo y víctimas de ambas partes, porque el poder, incapaz de construir otredad, lo ve y acciona efectivamente como una guerra, no como la ascensión de un nuevo tiempo liderado por un nuevo ser humano. Pero es irreversible, ya nada volverá a ser igual porque han caído las máscaras y hemos visto el horror sobre el que se construyó el viejo orden. Lo que hemos aprendido en estos días movilizados quedará indeleble en la memoria colectiva no de una sino de todas las generaciones que vendrán.
       Su deshumanización nos ha re humanizado y nos ha hecho recordar quiénes somos. Ni wallmart ni Piñera ni la televisión ni todos sus montajes de pacotilla pueden contra eso. Estamos siendo territorio recuperado. Si nos militarizan las calles la re — evolución continuará bajo tierra, por dentro, seguiremos trabajando sin parar para cambiar el modelo porque ya experimentamos la dignidad y queremos vivir ahí. Y hemos experimentado la otredad como comunidad viva y vibrante, colaborativa y comprometida. Ya no queremos volver atrás y la vida tiene ahora otro sabor y otra intensidad, a veces amarga como la sangre pero libertaria como hace mucho tiempo no experimentábamos.

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