Breve presentación del poemario de Eli Neira:
“HAGO EL AMOR CONMIGO MISMA”
Rosa Emilia del Pilar Alcayaga Toro[1]
Empezaré con un relato: Un joven griego llega a una de las islas de Creta. Su nombre es Anceo. Habrá un enjambre de sucesivos sismos culturales como sucesivas invasiones de distintas tribus que, subterráneamente, avanzan con la espada y el hierro por delante, son los precursores de cambios profundos en la historia de la humanidad. Ante una sacerdotisa y a solicitud de ella en representación de la Triple Diosa, Anceo cuenta “…por desgracia, sagrada ninfa –dijo el joven-, nuestros señores adoran al Triple Dios como deidad soberana y odian en secreto a la Triple Diosa. La ninfa se pregunt(a) si no habría entendido mal sus palabras. –Y ¿quién podría ser el dios padre?-…”. En cuanto a los griegos –responde el joven-, “su razonamiento es el siguiente: ya que las mujeres dependen de los hombres para su maternidad…, los hombres son, en consecuencia, más importante que ellas. –Pero ese es un razonamiento de locos –exclam(a) la ninfa” (Fragmento de un cuento que se llama El Vellocino de oro, p. 13 y 14)[2].
A propósito “El mundo de los hombres”, es el título de un poema de Eli Neira: “El mundo que los hombres blancos han creado / ordena, clasifica, jerarquiza; / Primera categoría, segunda categoría, tercera y última categoría / El mundo que los hombres blancos han creado… / En este mundo / La vida se contabiliza, se acumula y acapara…” (p. 38).
La respuesta es política. Es la rabia de todas las mujeres catalizada hasta el punto de explosión. En el camino pedregoso en el que me inscribo y desde donde hablo para escribir esta breve presentación, decirles que adhiero a un cambio de la noción de literatura en donde ésta emparienta con lo social y lo político, considerada como un cuerpo escritural atravesado por una ideología y como producto de determinadas prácticas culturales.
Por eso concuerdo con Cándida Elizabeth Vivero Marín que escribe: “La teoría literaria ha transformado su noción de literatura a lo largo del tiempo: de un sentido meramente artístico ha pasado a una noción social, cultural y política”. No es aquel objeto literario neutral que brilla desde lo alto como nos hicieron creer los poetas dioses, varones engreídos que pueblan de prisiones este mundo con nuestras voces. Nosotras como una cuerpa prisión que hoy levanta su voz. Nos rebelamos. Nuestras voces gritan “el Estado opresor es un macho violador” (Lastesis). Hablamos. Escribimos. Y no nos queda otro camino que hacerlo desde nuestra cuerpa, que es una cuerpa colonizada, materialidad en la que siguen vigentes, como si fuese un tatuaje, los distintos signos de esa colonización, a través de novedosos dispositivos y nuevas formas y tecnologías de control que se escurren, muchas veces sin darnos cuenta, por entre las hendijas de las prácticas cotidianas, en el consumo y en el lenguaje. Y Eli escribe “te juro que no puedo / en ningún momento / huir / de las esquirlas de tu corazón de molotov / que no para de estallarme en la cara” (p.99).
En nuestra escritura habrá de esculpirse nuestra cuerpa, en ese, el primer campo de batalla. Escritura literaria como producción de otras significaciones a los signos aceptados socialmente como femenino y masculino, en donde desarmemos aquel axioma patriarcal de que los genitales deben ser los que marquen una obligación de identidad.
Del poema “Amiga, eres tan hermosa”… “Transformar estas ganas que tengo de besarte la boca, la nuca, / la punta de tu corazón y de tu clítoris…” (p.107).
El modo como cada una escoge construir su mirada sobre lo femenino, tiene en el campo de la literatura el modo de narrar que más les interese. No hay fronteras. Los temas se repiten con poca variabilidad y la originalidad se encuentra en el modo de construir el texto, sus matices estilísticos y el lenguaje, como desarmamos la frontera de los géneros literarios y no literarios, de la ficción y la no ficción. Hablar de nosotras, es a la vez una necesidad y es algo que nos toca directamente y el modo de abordarlo va variando de acuerdo con el tiempo, el espacio y el momento histórico. Consciente o inconscientemente expresando imágenes de nuestro tiempo. Conocí a una escritora afrobrasileña Concepción Evaristo que escribe “Si para algunas mujeres el acto de escribir está imbuido de un sentido político, en tanto afirmación de autoría de mujeres ante la gran presencia de escritores hombres liderando numéricamente el campo de las publicaciones literarias, para nosotras, ese sentido es redoblado. El acto político de escribir viene acrecentado del acto político de publicar…”.[3] Las narrativas de Concepción Evaristo tienen muchos personajes y situaciones que se asocian a esta “estética de los escombros”. A Concepción la conocí hace muy poco y me sorprende como puedo verla en la escritura de Eli Neira en este libro que hoy presento “Hago el amor conmigo misma” (2020). Chiguayante: Amukan. Editorial Itinerante.
Eli Neira es una escritora de la resistencia. Resistencia como tema y en cómo la autora lo aborda; y así mismo como proceso inherente a la escritura desde los resquicios de la memoria y las formas de su narrativa poética. Eli Neira todes conocemos: es una brillante performer. Y hoy 15 de enero del 2021 su libro de 100 páginas me sorprende por su escritura muy plástica, maleable como la greda de Pomaire, de nuestros campos, escritura sin amarres canónicos y un estilo que la distingue a cien kilómetros. Y no es una exageración. Y yo regateo mis alabanzas, ríanse nomás. Con una poesía diversa y disruptiva y una prosa cáustica que nos deja heladas. Un libro que reúne palabras e imágenes de su narrativa performática, le dan un sentido especial y lo enriquece de manera sustantiva.
Decía que la escritura de nuestra autora tiene cierto parecido con la escritora afrobrasileña Concepción Evaristo, en particular en su prosa. “Recreaciones labradas en la mezcla entre la escucha del otro y la narración literaria” (op.cit. p. 26 .y que Concepción llama “premeditado acto de trazar una escribivivencia”.
Leeré entonces un fragmento de la prosa que recoge Eli de las voces de nuestras mujeres, una escribivivencia que se llama Naturaleza muerta:
“Sacarás tu sexo muerto como una anguila mucho rato hervida y me forzarás a resucitarla. Entre sollozos lameré y lameré sin resultado alguno, me dirás que soy una estúpida, me golpearás en la cabeza y mientras me desvanezco ocurrirá el gran milagro. Entonces me penetrarás por detrás, yo gritaré de dolor, tú reirás y reirás como el mismo demonio. Yo lloraré, me desmayaré y en medio del charco de sangre me dormiré maldiciendo mi suerte. Al otro día no habrá palabras amables. Me exigirás desayuno. Yo taparé mi cara amoratada frente a las vecinas que ya lo saben todo, porque es siempre la misma historia. Para ti huevos revueltos, pan tostado, una cerveza y cigarrillos que he pedido fiados al casero de la esquina…” (p. 37).
Para finalizar y esto es un milagro porque nunca escribo tan corto, pero acá en el Bar Restaurant “Las raras” -si vienen a Valparaíso, queda en Yerbas Buenas uhmmm sugestivo nombre, subida Ecuador-, doña Eli me dice cortito, es que… la pandemia y las multas y la mascarilla y la distancia social y el jabón y las manos y el alcohol gel, será otra historia cuando vengan los pacos[4]. Entonces, a apurar el tranco. Pero no puedo dejar de contar lo que me sucedió leyendo a unos amigos y amigas de Santiago que se reúnen en un taller y que me invitan de vez en cuando, vía online. Les leí el poema de Eli “Hago el amor conmigo misma” (p. 41), que es el nombre de este libro. Y los varones se sintieron atacados hasta cierto punto porque decían que las mujeres ahora querían dejarlos a un lado, heridos en su amor propio de macho, que eso que decía el poema era como una afrenta hacia ellos. Muy sorprendida de sus reacciones les dije que, en ese poema, no sé si estaré equivocada, había un gesto de independencia de las mujeres; porque ellos han gozado su cuerpo masturbándose sin complejos, antes les prohibían cuando eran niños, cierto, pero igual lo hacían y profusamente, hasta juegan para probar puntería y distancia. Les dije de qué manera llamaban coloquialmente a su propia masturbación, que no se hicieran los lesos. Y que las mujeres nunca tuvimos esa misma libertad, es más, creo que hasta hoy muchas mujeres ni siquiera saben cómo masturbarse ni siquiera ellas conocen su cuerpo. Nos han enseñado que debemos ser pudorosas y decentes, léase pudor, no mostrar nuestro cuerpo y lésase decencia, seguir las normas vigentes como mujeres recatadas. Y este poema de Eli como acto de rebeldía tiene que ver con nuestra propia liberación. Y allá ellos si quieren pensar otra cosa. Pero fue, después de todo, una conversa muy interesante, lo curioso era que yo tenía que decirles o picarles la guía, oigan, no me vengan con cuentos, ustedes conocen, me imagino, a una doña que se llama Manuela ¿o no? Y esa noche, en el encuentro, conocí los apellidos de esta dama, ella es Manuela Palma Calloza.
Quiero agradecer finalmente a Eli Neira por darme esta posibilidad de leer su trabajo poético reunido en este libro y por estar aquí presentado “Hago el amor conmigo misma”, un viernes 15 de enero 2021 a las 20.00 horas. Muchas gracias.
[1] Mg. en Literatura, mención Literatura Iberoamericana (2009). Egresada del doctorado en Educación y Cultura de Latinoamérica (CEAL) Universidad ARCIS, en proceso de tesis. Trabajo actualmente en la Universidad de Playa Ancha (UPLA) e integro el Departamento Transdisciplinario de Género, Política y Cultura, Facultad de Ciencias Sociales.
[2] Graves, Robert (2004). El Vellocino de Oro (Trad. De Lucía Graves). España: Tercera reimpresión en Pocket Edhasa: febrero 2004. ISBN: 84-350-1618-8. Título original The Golden Fleece, p. 13 y14. Web: www.edhasa.es
[3] Telarolli, Sylvia (2020). IMÁGENES DE LA RESISTENCIA: MUJERES ESCRIBEN SOBRE MUJERES EN BRASIL DE HOY. “Conceição Evaristo (1946- ) [3], escritora, negra, hoy con 72 años”. Del libro Representaciones de lo femenino en la literatura y en el discurso de los memes. Edición Aroldo José Abreu Pinto. UNEMAT-Brasil y UANL-México, pp. 19-30.
[4] Policía uniformada en Chile, agentes pagados por el Estado y por nuestros impuestos que salen a reprimir las manifestaciones, nunca salen para tocar a los ladrones de cuello blanco ni siquiera a los narcos.
Atávica y abyecta: la voz / cuerpa de Eli Neira
Carolina Lara B.
Periodista y curadora de arte
A través de “Hago el amor conmigo misma”, por primera vez es posible reconocer en su amplia dimensión la voz y el cuerpo (de mujer)queEli Neira ha construido con admirable valentía desde comienzos de los 2000, cuandoparecía que estaba abandonando el periodismo para dedicarse a una revolución interior que la volcó de pronto a la poesía y la performance. Quienes la conocíamos por entonces estábamos cuando menos curiosas por saber qué estaba engendrando la compañera, con quien colaborábamos como periodistas de Cultura enel diario El Mercurio, la amiga de tantas conversas y de farras en un Santiago adornado de posdictadura.
Pronto salió Abyecta (2003), un poemario prologado nada menos que por la gran Diamela Eltit,donde no era poesía sino una lengua filosa y procaz la que se instalaba cruzando un imaginario entrelo pornográfico y lo político, riéndose de las fórmulas del canon y de la academia, asimismo del patriarcado y de las instituciones, hablando desde una suerte de soliloquio impulsado por la rabia y –por supuesto– desde un placer por la abyección.
“A nosotras las reinas/ a las que todos querían dar por el culo / aunque nos doliera / aunque nos atoráramos gritando que ¡No jetón! / ¡Te digo que no! / ... /Ahora nos dicen perras / ellos / los fornicadores / Y algunos se postulan para huevadas y desde la micro / vemos sus nombres en las paredes de los eriazos”: en “El tiempo no fue generoso con nadie”,va evidenciandodónde están parados quienes fueron tal vez poetas -revolucionarios, desde el habla de sus ex amantes. Mientras que el poema “Abyecta” es la declaración de una suerte de ninfómana: “Me he acostado con tu padre / tu hermano y tu hijo, por no nombrar a tu tío y a todos tus amigos / Con tu abuelo fue imposible y tu madre se salvó por vinagreta…”, para terminar gritando:“Y / es que / además de PUTA / soy LOCA / FLOJA / SUCIA / TONTA / TERCA / BRUTA / IGNORANTE / TACAÑA / SORDA / COJA / Y / MALA”.
El libro que presenta Editorial Amukan en enero del 2021 es una recopilación que incluyealgunos de esos primeros versospublicados, hasta llegar a escritos del 2020, el año en que ingresamos definitivamente en este mundo distópico, donde el feminismo es uno de los paradigmasque se levanta con fuerza frente a la crisis total. Junto a la poesía de Eli –porque sí, es poesía la delicia de sus operaciones de lenguaje, el arrojo y su sentido de verdad– hay también imágenes de performances realizadas entre el 2006 y el 2019, que dan cuenta de la cuerpa que se instala en paralelo, siempre desde la marginalidad y en resistencia crítica a las estructuras de poder.
Pienso en la significación de la portada, que nos muestra a esta engañosa mujer de vestido blanco ingresando en lo profundo de un río, rodeada de naturaleza, avanzando en parte sumergida y arrastrando una silla también blanca en medio de las ondas del agua que van quebrando su reflejo, junto al título que se refiere al onanismo, nominado como un acto que implicaríaautosatisfacción sexual y amor propio. Piensoen los sentidosque emergen detodo esto, en la pertenencia atávica,de liberación y también de ilusión.
El poemario va ferozmente corrompiendo esa imagen de mujer que por siglos se ha instalado desde la opresión patriarcal, la idea impuesta de erotismofemenino, la objetualización de nuestras cuerpas y el tormento del amor romántico. Eli Neira se conecta con el dolor y la oscuridad que puede habitar en el ser mujer, lejos de los estereotipos, de frente a la violencia, permitiéndose ser la peor. He allí su poder. Es un cuerpo erotizado desde lo ominoso que goza, ríe, insulta y sufre condenando al mismo tiempo al amante que violentay abandona,a los poetas (hombres), a la institucionalidad del arte y la cultura, a la Patria, apareciendo a ratos una escenografía, la ciudad nocturna, periférica. Casi escucho algún alarido punk (“Womanonfire / Tus pecados lavaré / Yeeeeeeeeehaaaaaaa!!!!!!!”) en algún decadentebar de Santiago,disfrutando la sordidez de la “autoproclamada reina del under”.
Eli Neira dice las cosas como son. Generalmente, se dirige a un receptor presumible o evidentemente hombre, cruzando el imaginario del dominio heteropatriarcal con la crítica política y feminista:“En el mundo que los hombres blancos / han creado la persona rápidamente / deviene cosa (o propiedad) / y la cosa deviene desecho / …. /En el mundo que estos hombres han creado / Nos están matando / A todas nos están matando / Como hace siglos atrás / Nuevamente nos están matando”, revela en “En el mundo de los hombres”.Las imágenes de “Naturaleza muerta” son descarnadas: en un tono paródico, llega al acto de la violación desde el crudo relato en prosa de una situación de extremosometimiento tan cotidiana como insostenible, donde la figura de ella se mimetiza con la de la mártir.
A través del libro, hay un retrato del horror de la violencia sexual masculina al que se enfrentael poder de la sexualidad femenina. Aparecen entonces la puta, la sádica, la depravada, la despechada, las referencias a la pornografía, la relación de estos imaginarios con Sade oPier Paolo Passolini, así como también el autoerotismo.En “Hago el amor conmigo misma”, “Recados amorosos a mí misma” y “Amiga, eres tan hermosa” hay una propuesta tal vez, una salida, donde el acto sexual con la propia cuerpaes un acto político: la autosuficiencia, el amor propio, a mi compañera, a mis hermanas; un espacio de auto placer erótico que sublima al ego en conexión con lo que hay de escondido en lo profundo de tantas capas de disfraz: “y es que debajo de este disfraz hay otro disfraz, / y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz / y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz, y otro disfraz… ”.
Para hablar de violencia, Eli habla con violencia, encontrando en el posporno un registro eminentemente político y activista: “Un cuerpo resignificando su sexualidad es intolerable porque hay poder en ese cuerpo, poder y consciencia recuperado. Y pareciera que al totalitarismo de mercado le es inadmisible cualquier redistribución del poder”,dice en el texto “Algunos apuntes sobre posporno”, publicado en “Hocicona” (2017), libro que reúne su faceta de cronista certera y deslenguada. De eso se trata el posporno, continúa: “de la recuperación de nuestra propia sexualidad y de la representación de la misma”,desde la construcción de otras narrativas, “no heteronormativas ni reproductivas, sino mitológicas, subjetivas, pansexuales, libertarias”.
Junto a las imágenes poéticas del libro, las imágenes de performances aportan un carácter documental y a configurar el lenguaje de Eli Neira también desde el trabajo con el propio cuerpo, que ha realizado individualmente o en conexión con otresperformers o con organizaciones, manteniendo redes a nivel local e internacional, especialmente en Latinoamérica. Un poder aflora también en esa presencia muchas veces desnuda o semidesnuda, sólo revestida de ciertos elementos simbólicos: la máscara de lucha libre, la bandera chilena, la cruz, la bolsa de plástico asfixiando la cara, las amarras, el cuero, las medias. Eli nos habla así desde las mujeres oprimidas, desde la nana, la obrera, la campesina, la inmigrante, la condenada a la cárcel, la esposa, la puta, la amante, situándose en un río, en la ruina, en talleres o festivales, o en algún espacio de Santiago o Valparaíso (donde reside), con acciones que son rituales de exorcismo en lo personal, lo colectivo y social.
No está en el libro, pero imborrable me resulta la performance “El enemigo interno” (2012), donde –junto a otras situaciones– terminaba defecando sobre la Constitución Política de Chile de 1980, que justamente hoy buscamos reemplazar tras la revuelta popular ya través de un proceso constituyente. Esa crítica al Estado se traduce igualmente en los poemas“Poderosa Machi Francisca Linconao”, referido a la activista, líder espiritual mapuche y ex prisionera por la Ley Anti-terrorista; y “Peñi hermano: pocos saben lo que tú”, realizado para los presos políticos mapuche en huelga de hambre enseptiembre de 2010 en Temuco: “Peñi mi hermano / te estás inmolando para equilibrar las fuerzas en este universo / desigual / Peñi mi hermano / te estás desangrando por gracia divina y lo sabes”.
Frente a la opresión, la furia: la voz /cuerpa de Eli Neira se levanta necesariamente abyecta, hocicona, políticay mordaz, estableciendo un relato a través del libro desde la irrupción de una sexualidad femenina obscena, en subversión, hasta llegar a la idea del amor propio como expansión del ego, donde la bondad, la búsqueda del amor de los demás sería una consecuencia de “cierta elevación”, “de cierta luminosidad en el ser”. En “Recados amorosos a mí misma”deja planteada esa propuesta marcada de misticismo y sin lugar a frivolidades: “Una, finalmente, quiere amor, eso es todo, ahí se acabó el arte, la vanguardia, la transvanguardia, las estéticas de la concha de la lora”.


No comments:
Post a Comment