HACIA UNA
PO-ETICA DE LA ACCIÓN
(parte 1)
INTENTOS DE UNA
PERSONAL HISTORIA SOBRE LA PERFORMANCE
Por
ELI NEIRA
Voy a comenzar este escrito
sobre performance interrogando a la
palabra. ¿Qué es una performance? ¿Qué significa “Performance”? Si somos rigurosos y vamos al diccionario tenemos que “performance”
es una palabra del inglés que no tiene traducción
literal al castellano y que más o menos se podría entender como “rendimiento” o “desempeño”. Al menos así
la traduce el google, que no será ninguna autoridad en materia de traducciones
pero es lo que hay y es lo que mas se usa.
Si
“performance” significa desempeño, rendimiento, el artista de performances seria entonces una suerte de artista del rendimiento. Si esto
fuera así cabria preguntarse acerca de qué tipo de rendimiento estamos hablando cuando
hablamos de performance, ¿Como el
rendimiento de un deportista? ¿O el de una vaca lechera? ¿O como un lavalozas
que rinde mucho más?
En
lo personal creo que el “rendimiento” si bien algo tiene que ver, no es la mejor palabra para definir lo que
entendemos por performance, arte de acción o poesiacción (como prefiero
llamarla yo).
Me
sucede que en tanto sujeto (a) que
practica el arte de las “performances” yo
no hago esto que hago por rendimiento
sino por liberación. La Liberación es diferente al rendimiento. Sobre todo desde
que sabemos que la liberación no “rinde”(
mas que problemas en muchos casos). Yo
hago performances por un deseo de liberación personal y colectiva. No obstante
lo impopular que se encuentre la “liberación” en tiempos de capitalismo salvaje
donde todo tiene que reportar alguna visible ganancia. ¡Y mas vale! porque esta
liberación, lo es justamente en función
de las mil y una formas que toma la
esclavitud capitalista en el mundo hoy.
Este
lugar digamos “complicado” por
libertario, ha sido siempre el lugar del artista de performances. Ahí ha estado desde los orígenes de este
arte, en los inicios del siglo XX con los dadaístas y surrealistas, los
ultraístas, los futuristas y todos los que quisieron en su momento cuestionar al
buen arte burgués. Yo creo que hoy el
artista de la acción continúa trabajando en esa “zona roja” de la cultura, pese
a la creciente domesticación de los “circuitos de arte”. Y eso es lo que hace de la performance una
actividad de fuerte raigambre poética más que escénica o plástica.
Pese a la vacuidad de los vernisages y otras
pelotudeces con que el stablismen
intenta adormecer al artista de la acción,
éste sigue ahí en la zona peligrosa; solo, haciendo algo que va contra toda lógica, algo que su familia,
amigos, vecinos y cercanos no entienden y que no le genera dinero, sino todo lo
contrario, lo hace gastarlo, la mayoría de las veces. Ahí está, generalmente en
pelotas, con frío, con hambre, con vergüenza, con dolores de todo tipo, con una
seriedad de tumba (incluso cuando trabaja con el humor), dispuesto a todo con
tal de conmover a un público (cuando lo hay) que lo mirará todo el tiempo como
si de un marciano se tratase.
Ahí
está el artista de la performance poniendo el cuerpo como un soldado de Dios en
una guerra santa, por mandato supremo. En definitiva, como el maniaco que dicen que es, dispuesto a
todo con tal de llevar su exhibicionismo hasta las últimas consecuencias.
2 ¿Por qué hace lo que hace el
artista de performances?
Tengo
varias teorías.
La
primera consiste en evaluar seriamente la posibilidad de que el artista de
performances sea, efectivamente, lo que la ciencia médica denominaría como “un
maniaco”; Un maniaco que está capitalizando su neurosis a través del lenguaje del
arte, pero maniaco finalmente. Hay varios que piensan así. Yo misma creo que es
bastante así.
Y es que la performance tiene un problema con
los límites. Al igual que los maniacos, no le gustan, la oprimen, la hace
estallar. Tal vez por eso su mala fama:
He
aquí una definición sacada de internet que ilustra bien lo que digo : “La
palabra, es muy habitual para nombrar a cierta muestra o representación
escénica que suele basarse en la provocación. Una performance, por lo tanto,
intenta sorprender al público ya sea por
su temática o por su estética. Este tipo de acciones están vinculadas a la
improvisación, el arte conceptual y los happenings” .
“La
provocación” sería para el sentido común que se desprende de esta
definición el leit motiv de la
performance. Yo agregaría que
provocación para la liberación y la transformación. Porque lo que sucede con el cuerpo del
artista involucrado en una pieza de performance es una ceremonia, un ritual, una
operación síquica y po-etica que pasa idealmente por esos tres momentos; provocación,
liberación y transformación.
En
una buena pieza de performance la provocación no es gratuita, no puede serlo justamente porque está ahí en función de la
liberación y la transfiguración de algo
que no vemos. ¿De qué? ¿De quien?
Primero de la atmósfera, luego del
artista, del público ojalá, de los lectores de la obra en el tiempo. Me
atrevería a decir que es la transformación y no la provocación el espíritu de
la performance.
Para
mi la performance va muchísimo mas allá del “rendimiento”, en el sentido
norteamericano de la palabra, si bien lo incluye. Porque para que sea posible
la transformación el cuerpo o los elementos con que se está trabajando el
artista deben ser llevados a su extremo, a su máxima expresión. Ahí es cuando
se produce la alquimia, cuando el signo logra encarnarse y es ahí cuando el
artista de performances logra una de esas piezas que consigue erizarnos los
pelos. Ojo que antes de “lograr” esa “pieza” hay muchísimo trabajo en el proceso
que busca traspasar el límite del rendimiento. Muchas veces ese proceso es
tomado por obra, pero en realidad es un fotograma de un momento de la obra
final que aun no existe pero que potencialmente existe.
Por
esta razón no hay que entender la performance como un vomito, una locura, una
protesta, una pura pulsión exhibicionista,
sino como una producción mas compleja que usa la pulsión exhibicionista,
la pulsión vomitiva para crear un signo, un sistema de lenguaje con el cuerpo y su
capacidad de accionar modificando su entorno y que pretende generar una
instancia de comunicación poética aun en
la incomunicación mas radical
Por
lo tanto la performance excede el “rendimiento” si bien lo incluye.
Porque
sepan que después de lograr una pieza digamos “optima” el artista de performances no se encuentra en condiciones de “rendir” nada
a nadie mucho menos cuentas, ya que se encuentra inmerso y transfigurado por en un proceso que
opera en él lo mismo que un misterio.
Es
probable que a muchos se les crispen los pelos de los huevos ante esta palabra “misterio”, que suena a capítulo
de la Biblia o a novela negra. (Y algo de ambas cosas tiene la performance) La performance tiene de misterio lo mismo que
de poesía porque ambas trabajan en una zona invisible, van y vienen de la
realidad, jugando con ella para su transformación, su superación al menos a
nivel simbólico.
¿Tiene
algo místico la performance? Si entendemos por misticismo la capacidad humana de vincularse con una esfera experiencial de
lo divino, entonces si. El artista de la acción tiene que ser medio místico porque para hacer lo que hace es necesario tener una fe demencial en si mismo
y en el sentido del contrasentido. Es decir debe entregarse en cuerpo y alma a
un proceso que muchas veces atenta contra su propia integridad física y
sicológica y cuyo sentido existencial se mantiene en negro.
Insisto,
¿Por qué lo hace?
Pienso
que lo hace finalmente para destruir la lógica totalitaria de una realidad sin
fisuras. Podríamos decir que la función de la performance, es generar a través
de la acción directa con el cuerpo del artista y los otros cuerpos, un signo lo suficientemente poderoso para conmocionar o al menos tensar
el inamovible tejido de la realidad y develar
de esta manera una deriva negada por la racionalidad capitalista. El arte de la
performance tendría por finalidad hacer esta grieta, una fisura en el entramado
de supuestos lógicos en que descansa lo real-racional, para que por ahí, entre
la luz, el aire, se libere el sentido y nosotros con él.
El
performance trabaja haciendo una suerte de desestabilización de los sistemas
cognitivos, desestabilización temida
pero necesaria para que éstos no se vuelvan totalitarios, inamovibles,
tanáticos. Se trata de hacer una rajadura visible en el tupido entramado de la
realidad abriendo la posibilidad de un cambio. De esta manera un trabajo de
performance logrado conecta nuevamente al ser humano con las pulsiones del
ciclo vida- muerte- vida. Es un viaje del ser al no ser y nuevamente al ser.
El
capitalismo niega la percepción de la deriva porque necesita la ficción de un
mundo estable para funcionar en torno da la deuda. El dinero es deuda y la
deuda solo se puede pagar en un tiempo futuro
que suponemos funcionará mas o menos bajos las mismas condiciones
estructurales. Por ejemplo bajo el supuesto de que el dinero es y será el único
sistema de intercambio y que es natural su existencia y no un acuerdo que puede
o no ser respetado (como todo acuerdo) según las circunstancias. Los que
vivimos en países telúricos donde cada cierto tiempo viene un terremoto y se va
todo a la mierda conocemos muy bien la propiedad variable del dinero que ante
una tragedia pierde sentido (pierde realidad), frente a la comida y el agua.
Ahora
bien, los artistas mejor que nadie sabemos que el mundo no es así como pretende
la racionalidad capitalista.
Este
rol “desestabilizador” de la performance la ha relegado históricamente a un lugar marginal dentro de
la historización del arte contemporáneo y dentro de la producción y circulación de las
obras.
Tal
como dice Silvio de Gracia: “Hablar de arte acción o de performance en
Latinoamérica es referirse a prácticas que históricamente han sido ignoradas,
rechazadas y desvalorizadas, tanto por el sistema institucional del arte como
por un entorno social poco receptivo a propuestas potencialmente subversivas. No
es de extrañar que la historia del arte acción latinoamericano aún no se haya
escrito, sino que permanezca dispersa y prefigurada en artículos y documentos
que la mayoría de las veces han producido y difundido los mismos artistas. No
hay que olvidar que críticos e historiadores, inmersos en sociedades
culturalmente conservadoras, han preferido evitar la performance y otras
proposiciones desestabilizantes para concentrarse en ser funcionales a un
sistema de legitimación y promoción de arte de consumo en soportes tradicionales”.
Sin
embargo, como la lepra, la performance se expande, contamina y seduce hoy a las
jóvenes generaciones y también a las viejas. No hay artista respetable que no
haya incursionado en la performance alguna vez. Y es que desde John Lennon
& Yoko Ono hasta Marta Minujín pasando por Dalí y una numerosa cantidad de espíritus
vanguardistas dispuestos a romper con todo, han escogido la performance a la
hora de decir la verdad.
Suele
suceder que en tiempos malos florece la performance. A mayor represión y crisis
social más fuerte y vital se vuelve el movimiento de performances. Lo fue en la postguerra europea y lo fue en
el Chile de los 80 en plena dictadura militar. Me atrevería a decir que hoy es también un
buen momento para el arte de la acción tanto en Chile y como en el mundo. Como
que resulta la herramienta más adecuada a la hora de crear en medio de la
actual crisis de paradigmas.
Ahora
bien como se trata de un lenguaje tan elemental, tan cercano al origen, a la
pulsión, es muy difícil hablar de autoría
en materia de performances porque las acciones son patrimonio de lo humando.
¿Puede alguien decir que inventó el acto de comer, hablar, cagar, dormir, hacer
el amor? Lo único que puede hacer el artista de la acción es recrear a partir
de su historia personal, su subjetividad y su cuerpo estos procesos, pero jamás “apropiárselos”.
Otro poderoso motivo para que la performance sea antipática a la lógica del
mercado del arte. Performance y mercado no se llevan bien.
3 Performance en Latinoamérica
¿Accionamos
los artistas de la performance latinoamericanos de una manera diferente que el
resto de los artistas del mundo?
Pues
evidentemente que si. Dado a que el artista vive y trabaja en un eje espacio
temporal y dado a que la performance nace y se cría justamente aferradita a ese eje , es decir a la
realidad, pues lo mas natural del mundo es que el artista de performances (Sea
latinoamericano o no) manifieste una especifidad dada por su contexto.
Llamémosle también identidad.
No
olvidemos que el artista es un sujeto histórico y situado. Aunque muchos
prefieran creer en un artisticidad per-se.
En
nuestro caso, la identidad latinoamericana, me parece a mi, estaría signada por
una suerte de travestismo crónico producto del constante choque dialectico (y
con eterno retorno) de la América
prehispánica con el conquistador,
español primero, luego europeo y hoy norteamericano o chino mandarín.
Choque dialéctico con la cultura que
conquista y colonializa que no termina de ocurrir sino que se desplaza en el tiempo tomando diferentes formas.
La ritualidad del dolor, el imaginario sacrificial, la violencia
naturalizada, la raíz poética y la búsqueda de lo sagrado - profano son
elementos que caracterizan a la performance latinoamericana. Desde Jodorowsky a nuestros días.
No
es materia de este escrito hacer una genealogía de la performance
latinoamericana, tarea colosal que espero poder abordar en otro momento con
aportes de todos los que se sientan convocados, sino dar aquí algunas primeras
pistas, un esqueleto de análisis que me
sirva (nos sirva) para comenzar a hablar de lo poético en la performances y de
perfomance latinoamericana.
En Chile cada vez que se intenta
algún acercamiento a la historia de esta (In)disciplina, se hace desde la historia
de las artes visuales y se omite la innegable raíz poética y escritural que la
performance tiene y que sería a mi juicio aquello que me permite hablar de una
poética de la acción.
La historia de la performance en
Chile, según creo yo, no comienza en los 80 con la escena de avanzada como se
ha dicho muchas veces, sino mucho antes. Ya con Vicente Huidobro tenemos una
búsqueda poética performática que tensó y rompió a través del lenguaje y la
acción, el duro tejido de la realidad de su tiempo. Todas las crónicas de la
época dan cuenta de la pulsión performática del universo Huidobriano quién
habrá sido uno de los primeros en hacer la dolorosa amalgama poesía y vida,
arte / vida.
Luego de Huidobro, en la década
de los 50 siguieron haciendo performances desde el ejercicio de una poesía
“salvaje” Enrique Lihn, Alejandro
Jodorowsky y Nicanor Parra, sin tener la
más puta idea de que hacían “performances” por su puesto. Y en los 80 aparece el
grupo C.A.D.A con los escritores Diamela
Eltit y Raul Zurita (Integraban el Colectivo de Acciones de Arte además el
sociólogo Juan Balcells y los artistas visuales Lotty Ronsenfeld y Juan
Castillo). En los 80 también provenientes de la poesía tenemos a las Yeguas del
Apocalipsis (dupla integrada por los escritores Pedro Lemebel y Fransico Casas)
A su vez las Yeguas estaban vinculadas
fuertemente con la poeta Carmen Berenguer. Esto solo por nombrar algunos de los antecedentes
poéticos de la performance en Chile.
Hoy son muchos los escritores o
colectivos de escritores que sintiéndose convocados por esta historia, que si
bien descansa en la trastienda del arte chileno, ejerce una poderosa influencia
en todos aquellos que necesitan extenuar las posibilidades expresivas del acto
poético.
Ahora bien, como todo análisis este texto es sumamente
parcial y solo pretende mirar el arte de acción desde un ángulo diferente al
que se ha hecho en la historia reciente y aportar a una historia crítica de la performance que
espero ir desarrollando a lo largo del ejercicio de la (in) disciplina y el
diálogo directo con artistas de la acción
Credito imágenes: "Cuerpos Eclipsados" Eli Neira + Gustavo Solar
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