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Saturday, November 05, 2011

Una mirada crítica a la institucionalidad cultural chilena



Foto performance eli neira "juegos nacionales", registro Cecilia Hormazabal


Por Eli Neira

Este texto es producto de una serie de reflexiones que he venido desarrollando en los últimos años a propósito de la relación que tarde o temprano los artistas tienen que sostener con el aparato cultural institucional ya sea del país donde residen o en el marco global.
En lo personal mi experiencia con la institución cultural chilena es bastante amarga; censuras, malos tratos, incumplimiento de contrato (por parte de las instituciones), amenazas con sabor a matonaje, han sido solo algunas de las sorpresas con las que me he topado, en establecimientos que llevan nombres demasiado nobles  pero cuyos funcionarios,  aun no se han bajado del caballo y creen que un museo, un teatro o una biblioteca se administran de la misma manera que un fundo  y que el artista es  el símil del peón. (Las crónicas de estos sucesos han sido publicadas en su momento en el blog crónicasapócrifas.blogspot.com  y en el libro ¡Viva Shile! De Ediciones Rabiosamente Independientes)
Por lo tanto mi postura anti institución no es tan gratuita como muchos creen.  Por otro lado, las instituciones en tanto entes financiados y muchas veces dependientes directamente del poder político central son demasiado permeables a la coyuntura política, lo que es especialmente grave en Chile, donde se ha visto ya, que la separación de los poderes del estado es una precaria ficción. Ahora bien, lógicamente la institucionalidad que se desprenderá de un estado socialista o de valores de izquierda será muy diferente a la institucionalidad que se desprende de un estado en vasallaje con el poder económico, caso local.
Mi experiencia tanto en la prensa como en la vereda de los creadores me indica que  en Chile, la vinculación con la institución cultural muchas veces tiene como costo el que la obra pasa a “ilustrar” un determinado régimen presidencial y el autor queda  automáticamente imposibilitado de ejercer cualquier pensamiento crítico. Hoy en día, con la derecha pinochetista en el poder, ejerciéndolo igual o peor que en los años del dictador, poner el logo del gobierno en un trabajo artístico no es un hecho de poca monta, ya que significa al menos para el lector de esa obra,  en mayor o menor medida una alianza con el facismo o con el sector más funesto del empresariado, mineras, hidroeléctricas,  que necesitan lavar imagen  con la cultura. Yo no sé si al resto, pero al menos a mí, formar parte de esa alianza sin cuestionarla me genera un tremendo dilema ético.
Ahora bien, mi crítica no se dirige a aquellos artistas que eligen esta alianza ya que siendo realistas, es hoy, casi la única manera de financiar proyectos grandes (casi). El problema es el grado de autonomía que a estos proyectos de arte les queda  con respecto a su discurso y lo que yo veo es que esa autonomía en la gran mayoría de los casos no existe. Defender esa autonomía es tarea de todos, de los creadores, los gestores culturales y también el público; A los creadores les corresponde valorar en primerísimo lugar el contenido de su discurso como requerimiento esencial de su trabajo (de otra manera ya estamos hablando de publicidad que es otra actividad, que poco tiene que ver con el arte) y no dejarse acallar por unas cuantas ventajas. No por nada el arte tiene status ontológico, es decir se refiere al ser y el ser es pensante. A los gestores culturales les corresponde informarse, tener una mirada amplia y flexible acorde con las dinámicas del trabajo creativo y no con los requerimientos de una industria cultural que en Chile ni siquiera existe,  y por supuesto, les cabe a los gestores respetar ante todo la autonomía del arte y del artista, sacarse de la cabeza criterios tecnócratas y reduccionistas que solo mediocrizan la producción cultural. A ambos, artista y productor cultural les corresponde entender que la institución cultural, cualquiera sea, se debe a la obra de arte y no al revés.  Por su parte, al lector le corresponde ampliar los marcos de referencia y entender que el arte es una invitación a pensar ,  que no es solo una instancia para “divertirse”, (si bien puede divertirse un montón)  sino que es una forma de generar conocimiento y que por lo tanto no funciona mediante la misma lógica.
En un mundo que clama por todos los rincones el fin del imperio del lucro, ante la evidencia de un modelo económico inhumano que se desploma en nuestras caras, me parece preocupante la tranquila complacencia con que el mundo cultural chileno acepta, aplaude y juega las reglas de este sucio juego que es ell mercado.  Hoy más que nunca es imperativo cuestionar los modos de producción, distribución y acceso a la cultura. Y eso señores no se hace desde un sillón sino desde la calle o desde una voluntad crítica a prueba de balas (o de exilios o cualquier tipo de amedrentamientos)
Como corolario decir que todo lo anterior pasa por un eje central que se llama educación, educación para la cultura, educación para todos, educación igualitaria y pluralista, eso que en Chile no tenemos y que dado el panorama no tendremos hasta que este país deje de funcionar como un fundo de la edad media y los chilenos dejemos de comportarnos como patroncitos los unos y como miedosos peones los otros.
Lejos de querer ser una pataleta, mi critica a la institucionalidad cultural chilena, quiere ser una alerta para quienes queremos efectivamente hacer del trabajo artístico una parcela libre de los vicios del poder  y que conserve al menos, sino la fuerza, si la capacidad de ser el ojo atento de una sociedad, capaz de ver lo invisible y de decir lo que nadie quiere decir cuando las direcciones se han extraviado. De otra manera y como dice una canción de calle 13, mejor me dedico a vender hot dogs!!!
Reitero, no se trata de quemar lo existente sino de construir nuestra propia y nueva manera de hacer las cosas sin aceptar vasallajes que nada tienen que ver con el arte. De eso se trata todo esto.

Thursday, April 01, 2010

Reflexiones para una muestra inexistente

haciendo el corte en la bandera de lana

Si yo pertenezco a la patria, lo patrio ¿Me pertenece?


Algunas reflexiones apropósito de una obra mía que duró 24 horas en exhibición
Nombre de la obra: "El sueño de la casa propia"

Nombre de la muestra colectiva donde se exhibiría la obra: Muestra de mujeres artistas "Not like Most"
Lugar: Sala Novedades Biblioteca de Santiago
Descripción de la obra: Una bandera chilena tejida a mano en lana, desobillandose al final. En lugar de la estrella un agujero + un video de una mujer con pechos descubiertos que ovilla una madeja de lana roja.
Motivo de la salida de la obra de la exhibición: Visita del ministro de educación al dia siguiente de la inauguración



Por Elizabeth Neira

Con respecto a una serie de acciones donde utilizo el ícono de la bandera de Chile:
La primera pregunta que se me viene a la mente es: “Si yo pertenezco a la patria, lo patrio, ¿Me pertenece? Ante esta disyuntiva se aparecen en el horizonte lógico dos opciones: A)- Lo patrio me pertenece como yo pertenezco a lo patrio: hablamos aquí de una relación dialógica. Es decir, estamos hablando de una dualidad, de una relación correspondiente, horizontal, democrática y moderna (en la medida que me afirmo como sujeto de derecho con deberes y garantías en el marco de un orden republicano) B)- Lo patrio no me pertenece pese a que yo pertenezco a lo patrio. En este caso, estaríamos hablando de una relación jerárquica, excluyente, no moderna, no democrática sino monárquica. Es decir estaríamos hablando de una ciudadanía sin derechos sino sólo obligaciones. Es decir algo muy parecido a un tipo de totalitarismo, en la medida, que no existiría correspondencia. 3)- Caso A: Yo pertenezco a la patria como lo patrio me pertenece, por lo tanto soy sujeto de derecho como de obligaciones. Si me instalo en este escenario, que es ciertamente el preferible, el signo, todo signo, es factible de transformación en la esfera de mi subjetividad, en la esfera de mi ensoñación, en la esfera de la metáfora y del arte. Desde otra óptica, si yo desde mi mas tierna infancia fui influida por lo patrio, como parte de los programas de estudio, de la comunicación mediática y sentimental, entonces “lo patrio” forma parte digámoslo así de mi ADN cognitivo. Ahora bien, como sujeto dotado de consciencia puedo manipular , tensionar y cuestionar finalmente estos paradigmas en pro de la dinámica del pensamiento, utilizando por ejemplo para ello los signos en los que descansa “lo patrio”, banderas, himnos, escudos. Si como sujeto yo me hago cargo de esta manipulación sucede el hecho paradojal que en ese ejercicio, reafirmo lo patrio. En la medida que lo cuestiono, que lo reconstruyo y construyo, yo, me lo apropio y al apropiármelo lo re-conozco, desde un lugar superior, un lugar reflexivo, no pasivo. Entonces lo patrio y yo, somos uno y dos correspondientes e inter actuantes. El todo está en las partes. ¿Cuándo se “corrompe” o se “pudre” lo patrio o cualquier otra idea significativa? Tanto en la esfera biológica como en la esfera social, algo muere cuando carece de movimiento. Lo patrio entonces estaría en peligro de muerte cuando se solidifica, cuando se congela, cuando deja de estar en el imaginario de la gente, que lo puede utilizar como elemento cohesionador, (por ejemplo en el pasado terremoto donde vimos el icono de la bandera usado espontáneamente y reiterativas veces para reafirmar un estado nación en situación crítica) O como elemento disociador, como ocurre en las protestas de la nación mapuche que suele usar la bandera como elemento de crisis, poniéndola al revés o quemándola. En cualquiera de los dos casos “lo patrio” es el centro del problema. Creo muy sinceramente que uno de los pocos derechos que nos va quedando en el marco de las democracias neoliberales, es justamente el de usar nuestra libertad no sólo para comprar o para endeudarnos, sino para cuestionar y tensionar, manipular, redefinir, conceptos con los que se nos hizo crecer y que forman parte ineludible de nuestro imaginario, de nuestro hacer social y de nuestro registro sentimental. Pocas cosas nos ha dado la globalización, mas que ésta, la cada vez mas creciente, tendencia a la reivindicación de nuestros derechos a la intervención en la realidad, como sujetos activos, como sujetos de comunicación, como sujetos de re-construcción de lo patrio y de lo colectivo. Es en esta línea de pensamiento que esta obra se instala. Para edificar algo nuevo hay que botar lo que había antes, para que nazca lo nuevo debe morir lo antiguo. Si queremos reconstruir Chile debemos repensarnos, re instalarnos, re nombrarnos, re hacernos, desde lo colectivo –individual, con otra lógica, sin miedos antiguos, apostando a una nueva república, mas reflexiva, mas colectiva, más democrática, mas republicana, mas libre, mas solidaria y mas participativa. Es en este marco que mi reflexión se instala.

Wednesday, March 24, 2010

De Crónicas Amargas

de nunca sali 1



Elisita en el país de las casualidades



Por eli neira


Da la casualidad , (este país está lleno de ellas me estoy dando cuenta), de que puntualmente el día que aparece en un conocido periódico alternativo de esta ciudad (El Ciudadano del mes de marzo) un artículo de opinión firmado por mi, evaluando las políticas culturales de los 20 años de Concertación; Dónde, entre otras cosas, decía yo, con la falta de chupaquismo que muchos de ustedes mis queridos lectores, ya conocen, que este conglomerado gobernante a través del Consejo de la Cultura y los famosos fondos concursables, si bien subió en pelo y en número la creación en este país, no lo hizo en calidad y tampoco en amplitud de criterio; y enumeraba yo (con el candor que me caracteriza) algunas áreas muy deficitarias como por ejemplo el concepto de patrimonio (una etnia y su conocimiento es también patrimonio decía incauta), o la educación dejada más a la deriva que balsero cubano y la realidad de los medios de comunicación (que no merece mayor análisis), además de denunciar en esta nota, las aberraciones por ya todos conocidas como el nepotismo ilustrado con que han trabajado todos estos años; bueno amigos, como les decía, da la casualidad que justo ese día, tres o cuatro horas después de que este artículo junto con el diario que me lo encargó, estuviera en los quioscos, me llaman de la corporación cultural Matucana 100 (niño símbolo de la concertación creada al alero de lo que se le negó en vida a Andrés Pérez) para decirme que por problemas presupuestarios me dejaban fuera del proyecto “Historia Abierta” para el cual había sido por ellos convocada, llamada y hueviada (citada a reuniones, firmado carta de compromiso y todo) desde mas o menos agosto del año anterior y que se realizaría a partir del segundo semestre de este año, todo lo cual implicó de mi parte desplazamientos considerables de ciudades y de otros trabajos en función de este dichoso proyecto.

¿Asi? Le digo yo a la gentil señorita a la que encomendaron hacer la llamada. “Pues me parece terriblemente poco serio lo que me estas diciendo además de una flagrante falta de respeto”, a lo que ella balbucea argumentos como: “ “Matucana no es del Gobierno”, “Jamás te dijimos que estaba todo confirmado (pese a haberme hecho firmar carta de compromiso al parecer unilateral…)” y otros argumentos por el estilo, como si uno tuviera el cerebro jibarizado, como si el tiempo, las expectativas y todo lo que uno planifica y modifica en torno a una obra valiera callampa.

Ahora bien, yo no quisiera con esta reflexión insinuar siquiera que existe alguna estricta relación entre el artículo digamos “crítico” publicado y firmado por mi y la decisión por decir lo menos “arbitraria” de sacarme del proyecto institucional. Por favor, no se piense mal. No señor, yo sólo doy cuenta de una serie de casualidades que me parecen muy particular…por decirlo de alguna manera.

Digo serie porque ésta no es la primera vez que sucede algo así. El año pasado en muy similares circunstancias fui “bajada” de una muestra en el Museo Salvador Allende que se titulaba “mujeres y compromiso político” a menos de dos semanas de la inauguración. También habiendo sido yo llamada a participar del dichoso proyecto meses antes por la curatoría que trabajaba para la institución, también habiendo ido yo a varias reuniones incluso a la sesión de fotos para el catálogo. Esa vez el argumento fue que mi obra no se adaptaba al criterio central de la muestra. “Vaya, o no soy lo suficientemente mujer o no es suficiente mi compromiso” pensé en ese momento. Y da la casualidad que en esa ocasión la “salida intempestiva” como podríamos llamarla, de la muestra, coincidió la llegada de apoyo (y fondos) de organismos de gobierno y la probable visita de autoridades a la inauguración.

Lo mismo cuando me hicieron grabar en vivo en los estudios de TVN una “perfo” que luego no salió al aire porque justo pasó (vaya casualidad) que la cinta quedo “feíta” como me dijo después la productora. Aquella vez yo leí un texto donde ironizaba a los artistas que hacen lobby a nivel ministerial. Una de las estrofas del texto decía “señora ministra, contesteme el maiiiiillll, contesteme el teléfono”.

Entonces sucede que yo no quisiera pensar mal amigos míos, pensar que hay un dedo invisible en las altas esferas del poder que siempre dice “ a la Neira sáquenla, esa weona hincha pelota que nos critica a nosotros los intocables”, no quisiera yo pensar que nuestras flamantes instituciones democráticas operan como una oscura corporación con listas negras y policía secreta, no señor. Yo soy una creyente fervorosa de la democracia, creo firmemente que a todos los que trabajamos en la cultura nos mueve un amor incondicional al arte y la libertad y la libre circulación de las ideas. ¡Pero tantas casualidades Dios mío! Entonces y como no quisiera verme otra vez expuesta a tanto “azar”, siendo ya suficiente el azar que gobierna la vida misma; tanta casualidad, amigos míos, reafirma mi compromiso con la autoproducción y sólo fortalece mi rabiosa independencia, que entre otras cosas me permite ser fiel a mis ideas y valores y tener muy claro por ejemplo que jamás escribiría un poema a una cadena de celulares o una empresa altamente contaminante para ganarme un premio o los simples porotos. Que jamás voy a callarme lo que pienso porque para eso me dediqué al arte y a las comunicaciones independientes. Si quisiera chupar pico me dedico a puta lisa y llanamente y no lo paso tan mal; si quisiera vender como dice mi compa de calle 13, pongo un puesto de hot dog. No es el caso mis queridos lectores, no es el caso…no es mi caso. No por suerte, sino gracias a un minucioso trabajo con redes independientes y con personas, tengo la suerte de no tener que practicar la abyección ni la genuflexión para seguir trabajando aquí y en la quebrada del ají, fiel a lo que pienso y amo, lo que entre otras cosas me permite por ejemplo escribir esta nota, denunciando estas raras casualidades, me permite hacerlo sin miedo y sin pedirle permiso ni perdón a nadie, consciente de que el trabajo de un artistas consiste justamente en eso, en ir a contrapelo del poder y su corruptela.

Monday, October 20, 2008

El lado B de los 80


"Pequeño acontecimiento plastico,patios del colectivo de arte caja negra"

Algunas reflexiones político - contingentes de la autoproclamada Reyna del Under:

EL LADO B DE LOS 80


por eli neira

¿Se han fijado que la tendencia tan en boga por estos días de recordar los 80, omite, en la mayoría de los casos, un detalle nada menor de la época, y es el hecho ya por nadie cuestionable de que durante los 80, en este país vivíamos una dictadura militar, con todo lo que eso implica. Es decir, que además de la irrupción del pop, el rock latino y otros fenómenos digamos del orden estético artístico mediático, sobre los cuáles se ha basado hasta el momento la revisión, en el territorio nacional, durante la década de los 80, se libraba una contienda no por silenciosa menos cruda y una buena parte de la población vivía una pesadilla horrorosa.
¿Cómo recordar a Madonna con sus peinados raros, sus chiches baratos colgando de todos lados y a las clones locales que se multiplicaban como bacterias así en las poblaciones como en el barrio alto y olvidarse de los cortes de luz tan recurrentes en la noche santiaguina ochentera?
¿Cómo recordar Flash Dance cuya coreografía replicábamos torpes pero entusiastas, con mis compañeras de la básica y olvidar que a veces en la mañana cuando mi papa me iba a dejar al colegio que quedaba en la Gran Avenida, en la citroneta amarilla, cruzando la Legua, no era raro ver un muerto atravesado en la cuneta, y había que hacerle quite a las fogatas todavía prendidas, sortear los restos de la guerra misteriosa que ocurria durante las noches en las poblaciones de Santiago, donde se hizo la resistencia.
O cómo recordar las poleras mary claire tan rosadas y celestes de mi hermana y olvidar el día que ella apareció con una de sus poleras color pastel, en la portada de un diario capitalino, piedra en mano, en una protesta en medicina en la Chile, cosa que tenia estrictamente prohibido. Imposible olvidar el quilombo que se armo en la casa después una vez que detalada.
Señores me parece un poco irresponsable pretender hacer un recuento de una época manchada de sangre y omitir justamente eso, el eje sobre el cual giraron y giran hoy todos los demás significantes. Los 80 en Chile no sólo fueron raros peinados nuevos y programas decadentes de televisión, los primeros punks, y new wave, las primeras revistas de cómic y un reventón que marcó el despertar de una nueva conciencia. También fue un periodo oscuro, oscurísimo, si no el más oscuro de nuestra historia. Me pregunto cómo se puede ser nostálgico de una parte de la historia sin pretender un entendimiento sobra la otra, la que le dio origen. Si los 80 fueron intensos, fue justamente porque vivíamos zamarreados por una constante, cotidiana e inconmensurable violencia. Señores, hubo mucha gente que dio la vida para que llegara la democracia a este país y también hubo gente que murió tratando de defender lo contrario.
En lo personal lo que más recuerdo de entonces es que todo tenía sentido, salir a la calle, organizarse, ir a las marchas, a las fiestas en toque de queda, escuchar a los prisioneros en cintas que eran un asco de lo carreteadas que estaban, escuchar Victor Jara, Silvio Rodríguez, Congreso, Inti Illimani, Los Jaivas, La Violeta en casas que no eran la mía, siempre donde los papas de alguna amiga, ex sindicalistas, exiliados que regresaban con las primeras oleadas de gente a la que se le permitió volver al país. Escuchar esa música era un acto que estaba revestido de compromiso y peligro. Eran himnos rojos y algún vecino podía sapear. La delación se practicó asiduamente durante los 80. Eso también es algo difícil de olvidar. En los 80 vivíamos en un constante estado de miedo. Había secretos por todos lados. Todas las familias escondían algo. Incluso se rumoreaba que las monjitas de mi colegio, tan pacatas y castradoras, por esos años, escondieron y ayudaron gente, tal y como ocurrió en muchas capillas (de las poblaciones sobre todo), los llamados curitas rojos, muchos de los cuáles cayeron acribillados por los milicos. Eso lo recuerdo también.
A fines de los 80 el miedo derivó en euforia. El plebiscito y todo lo que le antecedió, nos mostró a todos que éramos muchos. Ni nosotros sabíamos que éramos tantos los que queríamos que pinocho se fuera de una puta jodida vez, los que odiábamos al viejo por sobre todas las cosas, el viejo rechuchasumare y todo lo que él representaba, la derecha, el conservadurismo, el capitalismo, y todo ese orden impuesto a culatadas.
Nuestro romanticismo adolescente llegó al máximum de su éxtasis cuando finalmente ganó el NO y el viejo hizo como que entregaba el poder. Creímos en eso y en muchas otras cosas durante aquellos felices días. Muchos creímos, todos creímos que las cosas cambiarían al fin. Que lo que a Allende no lo dejaron hacer finalmente se haría, de alguna manera, democrática y moderna pero con igualdad, porque habíamos ganado, porque eso nos dijeron. Y no fue así. No fue asi.
¡Quien no recuerda el espíritu de carnaval que trajo el No! Había gente que lloraba, que se abrazaba, y salía a la calle con pósters de Allende que habían sobrevivido a los allanamientos, gente humilde, gente que sería engañada una vez más.
Luego vino la desilusión, la indolencia generalizada, las trampas, las máscaras que caen, y ya estoy hablando de los 90 y de la traición. Porque sepan ustedes que tengo una teoría y es que somos una tierra de traidores, Pinochet traicionó a Allende, luego la concertación traicionó en no pocas ocasiones al pueblo que hizo posible con sus piedras, con sus muertos, con su resistencia, la llegada al poder del conglomerado y hoy por hoy, con la brújula mas perdida que el teniente bello, famélico, empobrecido, embrutecido a fuerza de ignorancia y caca mediática, el pueblo se traiciona si mismo, todos los días, porque no hay otra salida, porque como dejaron las cosas sólo se sobrevive si te conviertes en un cerdo o un tiburón. Y luego por la tele la vieja se queja de la delincuencia, todos pregonan contra el flagelo de la delincuencia como si no fuera el mismísimo sistema de acumulación y abusos, el que fabrica margen y delincuencia al mismo ritmo y proporción que fabrica chatarra.
Tengo otra teoría y es que somos una raza de gente o muy heroica o muy cobarde, porque el que tiene la necesidad de traicionar lo hace por miedo. El clásico “si puedo, te cago, tan local, tan identitario”, contaminando todas nuestras relaciones, llenando de caca todos los jardines, el del vecino y el nuestro, es puro y duro miedo, como el miedo que tuvimos todos en los 80, el miedo apretando nuestra musculatura facial, cubriendo como una delgada capa de ceniza todos los muebles de todas las casas, en todos los barrios de todo el país.
Por eso digo que excluir la omnipresencia, la marca de terror y sangre que nos dejó el gobierno militar en todos los aspectos de nuestra vida por aquellos locos años 80, me parece, vaya paradoja, muy pinochetista.
Señores si van a hablar de un periodo histórico que involucra una estado de guerra como el que vivimos acá, no pueden ustedes sino hacerse medianamente cargo de lo que implica semejante tarea porque hay mucho dolor en mucha gente aun.
Me parece que hacerse el sueco como ha estado ocurriendo en estos recuentos de los 80 tan de moda por estos días, y que al parecer sólo tienen por finalidad lucrar con una nostalgia de verdad y de compromiso; No decir nada de las desapariciones, la persecutoria, la perdida paulatina de los derechos de los trabajadores, la imposición violenta de un nuevo modelo económico; no mencionar siquiera lo que nos tocó a todos de múltiples maneras, estuviéramos en el lugar que estuviéramos porque la violencia siempre es extensiva. (Eso también lo aprendimos en los 80). Omitir eso, me parece una falta de espeto para toda la gente que lo paso como el hoyo en esos años, gente que fue torturada, perseguida, que no pudo seguir estudiando, que fue obligada a desterrarse, gente presa, familias separadas, vidas quebradas, destruidas por la violencia de estado. Me atrevo a mas y digo que omitir eso es inmoral señores, infinitamente mas inmoral que mis tetitas al sol y además es enfermo, le hace mal al inconsciente colectivo de este país. ¡Sicología básica coño!!!



Monday, October 06, 2008

Compañero Poeta


de la serie "chupame la concha poeta maldito"

Crónica muy personal de la última lectura periférica desarrollada en la población La Bandera, en el marco del encuentro nacional de poesía DESCENTRALIZACION.

Estoy triste, pasaron cosas horribles. Hubo poetas que mearon en la parroquia de la población que hacia de sede improvisada para la jornada a donde estábamos invitados a participar. Era una jornada en recuerdo de dos dirigentas desaparecidas, de ahí de la Bandera, y hubo unos concha de su madre que mearon la capilla, donde antes comieron de la olla común y luego los hijos de las re mil putas entraron a la cocina y se comieron lo que habían dejado para los brigadistas que habían estado haciendo un mural desde la mañana.


Estoy triste y asqueda muy asqueda

No era una excursión de curso compañero poeta

se ha equivocado usted de una manera repugnante

No era un carrete baby

No era un lugar para ir a mearse

No sé mi entiende compañero poeta

No sé si me explico bien

No se sabe quien lo hizo

no podemos acusar a nadie

pero lo hicieron

la gente de La Bandera está enojada

piensan que los utilizamos

y yo estoy que vomito

de gente como usted compañero poeta

quien quiera que haya sido

!Estúpido vanidoso

anda a reirte de tu abuela y no de la gente

que encima te seca la baba cuando te emborrachas!


Yo le quiero decir a la gente de La Bandera que nos invitó que por favor nos disculpen, que yo al menos y otros que conozco y en los que confío puedo asegurarles que no somos tan hijos de puta o al menos tratamos todos los días de no serlo. Lamentablemente conocemos a muchos hijos de las re mil putas que escriben y lo hacen bien y publican y son premiados pero son un asco de gente señora que quiere que le diga. Y esos huevotes se nos cuelan por inexperiencia. Porque estamos comenzando con esto que consideramos bello y no sabemos muy bien detectar por donde se nos va a a colar el huevon facho con letrero de poeta maldito.

Eso quisiera decirle a la gente de la bandera que por favor nos disculpen

tendremos muschísimo mas cuidado la próxima vez.


elizabeth neira


Wednesday, February 20, 2008

¿Quien es Rodrigo Rojas?

Collage eli neira, monja torta con angelitos mayas



¿QUIEN ES RODRIGO ROJAS?



A proposito de un texto publicado hace unos dias en un blog del diario el mercurio (ya les doy la fecha exacta) donde el director de la escuela de literatura de la Universidad Diego Portales se refiere a la persona, el oficio y la condición étnica de los señores Chihuailaf, Añiñir y Huenun, entre otros autores mapuches:



1)- Rodrigo Rojas, ¿Quién eres?

Aparte de un burócrata de extrema derecha (por lo que dejan ver tus dichos) con un muy buen puesto y un poder extremadamente local que te confiere el hecho de estar emparentado con una importante familia de la poesia chilena.

Pero, aparte de eso, digamos, poéticamente, ¿Quien eres?

Que alguien me muestre un solo verso tuyo que te autorice a comentar siquiera la poesia de los anteriormente citados.



2)- ¡Dios mio a que punto hemos llegado para que semejante neonazi, con tal grado de retraso en las ideas esté a la cabeza de una escuela de literatura (!!!¡¡¡) de una prestigiosa universidad (Universo = diversidad) que encima cobra!



3)-¿Sabias que es muy probable que en la institución donde trabajas, Rodrigo Rojas, exista mas de algun alumno (a) mapuche, tal vez hijo (a) de un albañil endeudado hasta las recachas para pagarle la carrera al nene(a) y de pasadita el sueldo a ti?



4)- ¿Por que razón repites tanto la palabra albañil en tu texto?, ¿Te molestan los albañiles?



5)- ¿Sabias que tus desafortunados dichos ameritan una querella por dichos discrimanotorios y clasistas, que en cualquier lugar del mundo te costarian el trabajo?



6)- ¿Alcanzas a darte cuenta de eso?



7)- ¿Es posible aun en Chile que una autoridad universitaria encima a cargo de la carrera de literatura (!!!¡¡¡) pueda darse el lujo de publicar tamaña bravuconeria racista y salir impune de eso?

(lamentablemente me parece que si)



Rodrigo Rojas, creo que nos debes a la comunidad poética de Chile unas extensas disculpas



atte

Elizabeth Neira Calderón

Monday, January 28, 2008

Todos somos mapuches pinches bueyes!!!

TODOS SOMOS MAPUCHES, PINCHES BUEYES!!
(La guerra energetica del estado de chile)
detalle de "extrañas situaciones visuales al muro",
eli neira, taller "El asunto", bbaa, 2007

(Texto escrito en el marco de "Poeticas del Hambre", jornadas de poesia, perfomances y video en homenaje a Patricia Troncoso y la resistencia del pueblo mapuche, Santiago de Chile, enero 26, 2008)
Todos somos mapuches
Pinches bueyes
Por Eli Neira

No se trata de oportunismo mi querido amigo, como me lo sugirió hace unos días, ebrio y baboso, midiendo el mundo con la miopía de su propia mezquindad, un colega de las letras, copa de champagne en la mano, en un animado vernisage.
No se trata tampoco de resentimiento ya que procuro actuar de acuerdo a mis ideas y pasiones cuando éstas aparecen, no las caliento en una olla, no hago con ellas un caldo de cultivo. No soy una pregonadota de las bondades de la violencia aunque a veces la crea necesaria.
Porque resulta que tampoco soy ilusa y sé que jamás ha habido cambio social que se haya impuesto por la buena voluntad o la evolución espiritual de los empresarios o la clase gobernante.
No creo en el odio de clases, ni en la superioridad de ninguna raza, menos aun en algún tipo de pureza, así como tampoco en las fronteras dibujadas con sangre.
Apoyo la resistencia mapuche por la simple y sencilla razón compañero, usted que mira todo con la suspicacia de su miseria, porque me reconozco disidente de este sistema depredador impuesto por ideologías que considero causantes de la máxima infelicidad humana.
Eso es todo, como Patricia Troncoso, como mucha gente.
Entonces en tanto disidente me siento reconocida en la lucha de un pueblo que naturalmente es heredero y sostenedor de otro paradigma, uno más cercano a mi corazón.
Soy mestiza no sé en que grado, como la mayoría de nosotros compañero y si no me cree, pues mírese al espejo y verá las trazas del mestizaje que tanto reniega, porque desde chico le enseñaron que era mejor ser rubio, seguro le dijeron que cuando bebe tenia el pelo clarito y que el agua de la ciudad se lo fue oscureciendo. Y usted se lo creyó, nunca lo puso en duda, hasta el día de hoy se lo cree, por eso no ve los signos de nuestra historia en su fisionomía.
No adscribo a la mentira tan extendida en este país hipnotizado y sodomizado por el consumo y el crédito fácil (mas dañino que el gatillo fácil), de que seríamos algo así como una pequeña suecia, algo así tan cursi como los ingleses de Latinoamérica.
Pienso que si para las feministas el género es una construcción social y también una elección, pues yo digo que en nuestro caso, en nuestra sociedad mezclada a fuerza de patada y fusil, también lo debería ser la etnia y yo me siento india, antes que sueca, o newyorkina, yo me siento india mapuche.
Me basta saberme de este lado de las cosas para hermanarme con quienes luchan en condiciones de dramática asimetría contra un estado armado hasta los dientes y defensor de los apetitos de los poderosos.
Porque cuando un gigante energúmeno, ebrio de prepotencia pone su bota sucia en la cara de un campesino pobre y desarmardo, todos somos mapuches. ¿No es acaso lo mismo que hacen los bancos, las multitiendas, la compañía de teléfonos, el transantiago, la universidad privada, y toda la perversa maquinaria económica que con impunidad nos asalta, nos castiga, se caga de risa y hace estallar las pequeñas economías de emergencia de la clase trabajadora?
Hermano a todos nos están metiendo el dedito por el culito, a todos nos están poniendo la bota en el hocico, solo que a algunos con vaselina publicitaria y a otros no. (porque la vaselina es cara y no hay que excederse en el gasto)
La sola constatación de esta triste realidad que es la realidad de nuestra pujante economía tan abierta como las piernas de la más barata prostituta, (ojo que yo sé de eso) debería bastar para ser solidario con los históricamente abusados de esta tierra.
¿Alguien se ha preguntado qué va a pasar con Chile cuando se acabe el cobre?, va a quedar un país con una infraestructura de lujo, con gente endeudada y sin herramientas para enfrentar ni una mierda, por que la educación y el acceso popular a ella, no ha sido precisamente una de las prioridades país estos últimos años. ¿Alguien se acuerda de lo que pasó con el salitre? Hay dios mio!!!, si es que somos tan frágiles de la memoria.
El asunto es mas complicado de lo que parece queridos compañeros, porque la actual guerra del estado de Chile contra el pueblo mapuche, mas que la consecuencia de un choque de paradigmas, que lo es, lo ha sido siempre, es hoy, una feroz guerra energética, como la de Bush, por el petróleo en el medio oriente, pero ésta es por el agua y la electricidad.
Y no es mediática como aquella, sino cobarde y silenciosa que quiere parchar con centrales hidroeléctricas la incompetencia de los gobiernos para generar una política energética sustentable y respetuosa de la diversidad de los pueblos.
Hay que alimentar al monstruo que el neoliberalismo ha creado, y que chupa y que mama, más que todos nosotros juntos.
Hay que mantener encendidas las lucecitas de los malls, de las fábricas de chatarra planetaria y de las carreteras ultrasónicas que usan los ricos para ir a la playa sin tener que verle la cara a la pobreza.
Y aunque a algunos les suene terrible, ¡una calumnia!, lamentable es verificar que los métodos del estado en esta guerra energética son los mismos ocupados durante la dictadura contra la disidencia, represión policial, amedrentamiento, violaciones a los derechos civiles y desinformación.
Y es que en este país el derecho a opinar distinto con respecto a que hacer con las riquezas y pobrezas de todos, lejos de ser un derecho, cuya manifestación pública debería estar garantizada en la constitución, se castiga como el peor de los pecados y se paga con un tec cerrado a manos de un paco en una protesta.
Yo apoyo la resistencia mapuche porque no quiero centrales hidroeléctricas a costa de muertes y saqueos, no quiero tecnología barata que en dos años se convertirá en montañas de basura irreciclable, no quiero créditos que me dejarán en la calle, yo quiero opciones para crecer, quiero vivir en una sociedad donde se respete la pluralidad de pensamiento, donde educarse sea un derecho no un lujo, donde exista el acceso a información verídica y de calidad, y un acceso no elitista a los bienes culturales. En definitiva un modelo se sociedad que priorice a los seres humanos antes que a las cifras de crecimiento económico.
Esa idea de desarrollo está mas cerca, infinitamente mas cerca del pueblo mapuche que de la sociedad que el Chile blanco invierno o color pastel, según la temporada, el Chile de catalogo de papel couché de 100 gramos y modelos argentinas que me propone cada domingo junto al diario fascista de toda la vida.
Por eso digo, aunque a muchos les duela, de este lado de la vereda,
todos somos mapuches


Sunday, May 27, 2007

De Cronicas Amargas

¿De que hablamos cuando hablamos de amor?

Collage eneira de la serie neoporno
¿De que hablamos cuando hablamos de amor?


Casi siempre de violencia. Al menos en mi corta pero intensa experiencia, las relaciones afectivas, TODAS, familiares, de pareja, de amistad, están atravesadas por múltiples formas de violencia, que van desde su manifestación mas gruesa, una piña en el ojo, una patada en el cráneo, una bofetada que te parte el labio, un tirón de pelo que te arrastra varios metros por el suelo, hasta formas mas sutiles como la descalificación y el abandono.
Debe ser por eso que cada vez que creo estar en las puertas del amor me vienen unas ganas incontenibles de llorar y de salir corriendo. Algo en mi intuye que sufriré como chanchito que va al matadero. Y sin embargo uno va, siempre va.
La violencia se gesta en el centro mismo de la sagrada familia chilena. Por estas tierras no es tan usual que un asaltante te saque los ojos por puro gusto o que un delincuente común y corriente se ensañe con su victima en un festín de sangre digno de Cayo Calígula, pero la violencia se cultiva y practica en casa como un difundido deporte nacional.
Mi abuelastro tenía por costumbre aforrarle a mi abuela casi todas las tardes en que llegaba borracho al pequeño ranchito al sur de Talca, donde vivían. Mi abuela, por su parte, practicaba en menor intensidad (hay que reconcer), el boxeo amateur con sus once hijos sin distinción de edad, sexo o jerarquía por orden de nacimiento.
El menor de mis tíos un día casi le corta la yugular a su padre con el cuchillo carnicero por defender a mi abuela que yacía sin conocimiento en el suelo con la cabeza partida en dos. Mi madre se fue de su casa a los 14 años, emigró a la ciudad sin saber leer ni escribir a trabajar de nana, en los tiempos en que el trabajo doméstico solo se pagaba con alojamiento y comida, huyendo del abuelastro que a los primeros signos de la llegada de la adolescencia en esa hija que además no era su hija, sino del primer matrimonio de mi abuela, de ese marido, mi abuelo, al que asesinaron por la espalada por venganza unos cuatreros; Cuando esa hijastra comenzó a hacerse mujer las caricias del abuelastro se volvieron molestamente mas audaces.
La historia no era ningún drama, sino la cotidiana forma de vivir de gente sumida en las durezas del campo chileno.
Posteriormente, mis tías hicieron lo mismo que mi madre, emigraron del campo a la ciudad, todas con el consabido temor a la lascivia del padre.
Mi madre, por su parte, más evolucionada, maltrató verbal y sicológicamente durante 40 años a mi padre, el que, debido a su carácter pasivo, eligió como venganza el sutil arte del abandono, un abandono largo y soterrado, que todavía no termina de ejecutar completamente.
Mi hermana, perfeccionista y neurótica violenta a sus hijas, mis sobrinas de 5, 7 y 13 años con el látigo de la hiperexigencia y una disciplina militar que no admite posibilidad de error, es decir, con la misma practica que padecimos nosotras de pequeñas y también mi cuñado.
Yo maltrato a mis amantes de las maneras más ingeniosas y he padecido maltratos también variados en intensidad y gravedad.
Me han golpeado y yo he golpeado, siguiendo una vieja escuela de daños y recompensas. Si te pego es porque te quiero y lo que quiero es corregirte, disciplinarte, para que me obedezcas, para tu propia felicidad que no eres capaz de ver.
La letra con sangre entra. Eso que parece tan antiguo es acá una idea profundamente arraigada y difundida sobre todo entre padres, profesores y en general en casi toda forma de pedagogía.
La violencia aquí debe ser lo único que abarca todas las clases sociales generosamente.
Por su parte y para no ser menos, el estado y la fuerza pública, hacen lo suyo, ejerciendo su derecho a castigar y violentar bajo la excusa del orden y la defensa de la institucionalidad. Para que vamos a hablar de la violencia en el transporte público, que alcanza por estos días niveles paradigmáticos, casi barrocos de indolencia y dolor.
Estos dias he visto en las calles cosas aberrantes, como a una turba de gente pasar sobre un enfermo de parkinson sin dinero para tomar un taxi que se caía al suelo cada dos pasos en una desesperada carrera por alcanzar una micro. He visto gente llorando sola en las calles, arrasada por la impotencia y el dolor.
Tenemos una sociedad me parece, especialmente tolerante al maltrato y al abuso y particularmente torpe en el ejercicio del amor, la empatía, la solidaridad y otros atributos humanos incompatibles con en este neofascismo de mercado del cual somos tan ejemplares discípulos.
¿Herencia de Pinochet? No creo. Mi tesis es que viene de muchísimo más atrás. Cada pueblo tiene el dictador que se merece.
La violencia siempre se ejerce desde una total asimetría de fuerzas. Siempre del mas fuerte al mas débil, del padre al hijo, del rico al pobre, de un tipo armado hasta los dientes hacia un enemigo en la total indefensión.
Violencia extendida y polimorfa, como una peste, como una maldición bíblica sobre esta tierra tan castigada.
¿Qué es la imposición de una modernidad que arrasa con todo a su paso, que no respeta a los ancianos ni a los niños, que no respeta la historia, la debilidad de la gente, los limites del cuerpo, el cansancio y la enfermedad sino una forma de violencia organizada desde el Estado para con el pueblo?
¿Qué es la explotación, los bajos sueldos, el abuso laboral, el robo del tiempo, el esfuerzo y el trabajo de otros, sino una forma de violencia, permitida y casi abalada por la ley que ante estos costos del crecimiento económico cierra los ojos e ignora?
¿No es violento un sistema económico que obliga al trabajo infantil y que hace de la educación y la salud un lujo cada vez mas inaccesible y no un derecho?, ¿No es violento un sistema económico que impide cualquier realización humana fuera de la producción y el consumo?
¿No es violenta una clase política que con superávit fiscal histórico declara sin pudor que prefiera ahorrar o invertir en el extranjero antes que gastar la plata del cobre en la llamada agenda social?
Por eso digo, que la violencia no nace por generación espontánea, por una suerte de psicopatía inherente a las clases inferiores, sino que es una respuesta, la única posible, a un orden que asfixia cada día un poquito mas como en una tortura china.
Mi humilde opinión es que Santiago es una ciudad diseñada para el castigo, fea, contaminada, pretenciosa, clasista, dividida, vigilada, sin vida nocturna, sin acceso a información plural o de calidad, sin vida cultural, con el peor y más caro transporte público me atrevería a decir del mundo, sin baños, sin veredas para caminar, sin plazas, sin descanso. Santiago es en ese sentido una ciudad ejemplar, es un verdugo que no da tregua. Ejemplos por estos días sobran.

Wednesday, May 02, 2007

De Cronicas Amargas

Foto Cristian Richardson: De corte colectivo, poesiaccion, eneira, Centro Arte Alameda, abril 2007

Señora Presi 2:
(De crónicas amargas)

En este 1 de mayo, el día del trabajador me late escribirle la segunda de esta serie de cartas que he decidido ir dedicándole, así de mujer a mujer, a calzón quitado como diría una tia mia, muy vulgar pero muy alegre, en la medida que los motivos me van apareciendo o me van quemando.Le repito, mi estimada y maltratada señora, la cosa no es con usted, yo la considero una persona noble y honesta, patriota sin duda para aceptar ponerse a la cabeza de esa manga de piratas sin moral ni vergüenza que resultaron ser nuestros amigos de la concertación, por cuyos candidatos a la presidencia he votado “candida” y aplicadamente los últimos años de mi vida ciudadana, creyendo que entre el dicho y el hecho no había semejante abismo, creyendo ingenua, que hacia algo para impedir que la derecha y su peste llegara al poder.
En el día del trabajador le digo, pienso, creo, estoy convencida de que el problema con el empleo en Chile, no es que falte. De hecho, es obvio que con el aumento de las divisas, producto de la subida del cobre, que dicho sea de paso se encuentra en un porcentaje importante en manos extranjeras, (¿Alguien se acuerda de pasada de lo que paso con el salitre?) aumente el empleo en el país.
El problema es la mentalidad esclavista con que ese empleo se genera y ejecuta en la práctica, en un marco de impunidad del abuso laboral casi absoluta, dado el menoscabo que el movimiento sindical chileno viene sufriendo desde Pinochet hasta ahora y que ningún gobierno de la concertación ha siquiera tomado en cuenta en las conversaciones a la hora del té.
Porque esa es la verdad señora mía. Acá el mercado, el comerciante y el empresario se veneran y elevan a rangos de intocables, mientras al trabador se le menosprecia con una mueca de asco muy similar a la que seguro ponían nuestros señores conquistadores cuando se les morían los indios en las minas.
Mi corta pero no exenta de polémica vida laboral y la sencilla observación de mi entorno me indica que los empresarios en este país tienen la firme creencia de que uno debería mas o menos estar tan agradecido de la oportunidad de ser explotado por tan noble familia, que bien debiera hacerlo gratis. Finalmente uno es un roto de mierda y lo mejor que puede hacer en esta tierra es trabajar para ellos en pos de limpiar un poco las maculas de nacimiento.
Porque señora presidenta, en Chile, el mundo empresarial es básicamente familiar, por lo tanto clasista y cerrado. Es decir, es un mundo donde un roto de mierda puede pasarse la vida demostrando su inteligencia y poniendo todo su esfuerzo al servicio de su patrón, pero jamás llegara a ocupar el cargo que se merece, menos aun a recibir el sueldo que corresponde a lo que efectivamente hace, porque ese cargo, aunque la pega la haga el roto, lo ocupara el hijo mongólico de la familia o el primo alcohólico pero noble.
La modernidad, entendiendo por modernidad, la puesta en practica de las premisas básicas del iluminismo enarboladas en la revolución francesa (¡huyyy que antiguo!, ¿Alguien se acuerda ya de la Revolución Francesa?), Igualdad, Fraternidad y Libertad, acá no corren ni corrieron nunca. Acá, Rosseau y su pandilla estarían vendiendo churros en un carro en el Parque Forestal los domingos.
Y no corren porque nuestro empresariado, al igual que el grueso de la población es sencillamente ignorante. Y es ignorante porque la educación ha sido siempre en Chile un bien suntuario.
El mundo de las ideas, económicas, sociales, laborales, la filosofía y el pensamiento es lejos hoy un fenómeno de otro planeta u otro tiempo para nuestra sociedad, moderna y vaciada cerebralmente.
Nosotros, en el plano laboral, estamos en la selva o en la mina aun.
Otra vez la educación ¿Ve? Y es que es un círculo vicioso como le dicen. ¿Qué herramientas tiene hoy un sujeto que quiere superar su condición que no sea la de convertirse en un conchadesumadre cualquiera, crear una empresa piñufla, explotar a los de su misma clase de la peor manera, pasando por alto medidas de seguridad, seguros, derechos laborales y toda esa cantinela de la que no tiene probablemente la menor idea, crecer y luego cambiarse de barrio, de auto y de esposa?
La distribución del ingreso se ha dejado acá a la buena voluntad de una clase empresarial que no ha evolucionado en su mentalidad esclavista en 200 años de vida republicana.
Ya no son los indios los que mueren reventados en las minas, es la gente común y corriente que muere reventada en el metro o de stress en una clínica que no pagara ni en 20 años.
Le recuerdo además que los grupos armados surgen en sociedades que fracasaron en su único fin, organizar las fuerzas que las componen de manera justa para que vivir adentro de ese orden sea un poco mas soportable que hacerlo al margen de ella.
Es curioso como hoy los medios de comunicación (de derecha en su casi totalidad y los que no, derechamente mamones que es lo mismo) condenan con la misma retórica antiterrorista con que lo hicieran en plena dictadura, a la gente que decide expresar su rabia apedreando a un policía que no dudaría por lo demás en dispararle a quemarropa si pudiera.
¿Por qué las protestas sociales eran legítimas durante la dictadura y no son legítimas ahora?
¿No se pelea más o menos lo mismo?
¿No están abusando los señores empresarios con la venia del gobierno de la misma manera que abusaron los milicos hace no tanto?
¿O es que la democracia implica vasallaje bovino ante los abusos del poder económico?
Yo no salgo a la calle a tirar piedras como debiera y quisiera porque soy demasiado cobarde y no me quiero morir tan joven (aun no conozco el amor), pero aplaudo a los que lo hacen. Ningún cambio para los trabajadores se gesto nunca en ninguna parte del mundo con “diálogo buena onda”. Señora presidenta, las piedras son palabras que nadie quiere escuchar y mis palabras (quisiera) se conviertan en piedras.