Tuesday, March 31, 2009

Las memorias lisérgicas del rey mono dorado

mario cistermas de francisco

pintura de m.c (oleo sobre tela "Ivaginarte")


Mario Cisternas, pintor y curador de la galería de arte del Bar Phone Box, fue parte en los 60 del reducido grupo de alumnos de distintas facultades de la Universidad de Chile que se prestaron como sujetos experimentales y de observación para la toma de LSD que entonces enviaba nada menos que a las autoridades académicas, el laboratorio Sandoz.

por Eli Neira
(Nota publicada en el último número de la revista cañamo chile)

Corrían los convulsionados años 60, Eduardo Frei Montalva era presidente de Chile, la escuela de bellas artes de la Universidad estatal donde estudiaba pintura Mario Cisternas, ocupaba el edificio que hoy alberga al Museo de Arte Contemporáneo, justo en la mitad del Parque Forestal, por entonces escenario predilecto de la bohemia santiaguina. Así, entre charlas al sol con personajes como Raúl Ruiz, Enrique Lihn y la mismísima Stella Díaz, (todos ellos asiduos al parque), entre deliberaciones acerca de la muerte de la pintura, Vietnam, vino tinto, cigarrillos y mucho pero es que mucho cine francés, los futuros artistas supieron un día de un extraño llamado.
El Instituto Antropológico Médico de la prestigiosa casa de estudios llamaba a estudiantes de distintas carreras a participar como sujetos experimentales y de observación en una serie de tomas de una nueva sustancia cuyos efectos se estaban investigando y que decían abría las puertas de la percepción. Era el LSD.
“La verdad es que nadie sabía muy bien de qué se trataba, habíamos escuchado algo, un poco, pero en esos años, aparte de que vivíamos bajo el influjo de un romanticismo exacerbado, todos estábamos mas que dispuestos a vivir una aventura de esa naturaleza. Entonces lógicamente hubo mucha gente en la escuela que participó, alumnos, varios profesores, hasta el decano de la escuela lo hizo. Así fue como nos convertimos en los primeros siconautas de este país”, cuenta Cisternas de lo que sería la aventura definitiva en su vida como artista.
Detrás del experimento estaban las mentes inquietas de reconocidos profesionales en el campo de la siquiatría y la antroplogía como Claudio Naranjo y Rolando Toro quienes previamente recorrieron las aulas dando charlas y conferencias acerca de la nueva sustancia antes de reclutar a los alumnos.

De la edad media al renacimiento

- ¿En ningún momento tuviste miedo?
- Es que en verdad nadie tenía la más remota idea de lo poderoso que podía llegar a ser el LSD. Fue mas fuerte la idea de la aventura síquica que el miedo.
-Háblanos de la primera experiencia
- La primera vez fue en las instalaciones del Instituto Antropológico Médico,
Uno llegaba allá y primero te revisaban que tu hígado estuviera en óptimas condiciones y luego te daban una dosis de acuerdo al peso que tenías. En ese tiempo, el laboratorio suizo ZANDOS enviaba unas pastillas de LSD, con distinto gramaje.
Uno esperaba en una sala acondicionada con una mesa, sillones, materiales para dibujar hasta que la pastilla hacia su efecto.
-¿Se hacia por grupos o individualmente?
- Solos. Todas la experiencias eran individuales, aunque podías ir con alguien, un familiar, un amigo que te acompañaba como cuando vas al médico, pero en realidad todo sucedía con el investigador que te iba guiando. Era súper cuidado todo.
- ¿Qué fue lo primero que te sucedió?
- Lo primero que me pasó fue sentir una suerte de corriente en los brazos, luego cuando empecé a sentir verdaderamente el efecto, sentí que me volví luz. Me vi en abstracto como energía luminosa. Mientras estaba en eso, comencé a hacer posiciones de yoga, asanas y lo loco es que yo jamás había ido a una clase de yoga ni había leído nada de hinduismo, me salieron de pura intuición. Rolando Toro que era quien me dirigió a mi esa primera vez, hizo dibujos que luego yo vi de esas poses en que yo estaba y eran asanas..
- ¿Qué mas te sucedió?
- Después me conecté con los elementos, me sentí tierra, luego animal. Me convertí en un animal muy especial, era una suerte de rey mono dorado con unos pelos larguísimos y muy brillantes, entonces me puse a trabajar, a pintar, y me liberé de miles de ataduras absurdas que tenía con la pintura, ataduras racionales.

(Continúa, para ver texto completo vaya a http://cronicasapocrifas.blogspot.com

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