Wednesday, May 23, 2007

Acerca de las poéticas de desacato

De la serie: Personal Yisus
Acerca de las poéticas del desacato:

¿Qué son? Ni idea, se me ocurrió como slogan para vender un evento de poesía al que no llegó nadie y eso que mandé mails como una demente y pegue afiches por todo Santiago donde salía yo con una teta al aire. No hay caso, la poesía no vende.
Pero suena lindo, “estéticas del desacato”, o “poéticas del desacato”, es lo mismo. Moderno y con un tinte de rebeldía.
Son cosas que me invento para ganar plata esa es la triste y dura realidad señores lectores. Porque ustedes verán, resulta que tengo que pagar el taller donde vivo, que si bien es poco dinero por una pequeña habitación confortable pero precaria, no deja de ser. A eso súmele usted comida, transporte y fotocopias, si porque si bien ya no soy estudiante, nunca he dejado de estudiar por mi propia cuenta, asuntos diversos. Como cualquier terrícola necesito dinero para vivir y esto de la poesía, encima de vanguardia, como que no da. Le explico. No es un buen negocio de ninguna manera. Imagínese usted que hasta tuve que erradicar de mi vida el ítem diversión porque me resulta muy oneroso. Entre la plata que me gasto en echarme unos tragos (sin mencionar la gastadera de plata que se va cuando una se toma sus tragos de más). Súmele los puchos y el taxi de vuelta porque a esa hora y borracha me tengo que tomar un taxi, comprenderá usted. Hasta ahí no mas ya tenemos una fortuna, y eso que este presupuesto se lo estoy haciendo sin contemplar drogas, ni duras ni blandas, ni otras actividades en las que uno podría incurrir en el ítem diversión, como entrar a un club nocturno por ejemplo, a una discoteca, a un casino o a un motel.
Pero volviendo al desacato:
Ahora si me lo pienso mas detenidamente digamos, el desacato para mí, tiene que ver con la siguiente situación: Si un tipo que es un mongólico con señales evidentes de falta de luces, me da una orden, pues yo me guardo el derecho a cuestionarme que tan conveniente será para mí seguir esas directrices viniendo de un sujeto con tales lamentables características, definitivamente poco calificado como guía para mi bienestar.
Entonces desobedezco. Pero lo hago en virtud de lo que creo es lo correcto para mi. Es decir, desobedezco órdenes de otro o desobedezco una ley cuando considero que es una salvaguardia a mi identidad, a mi esencia digamos ¿no?
Eso sencillamente es el desacato. Yo no sigo órdenes, ni instrucciones, ni sugerencias, ni consejos de cualquier pelotudo. Puedo, sin embargo, ciertamente y con toda la humildad que mi ego hipertrófico me permite, seguir la palabra de un maestro, de un sujeto al que considere yo un iluminado, un genio, un gran artista, una persona insigne, incluso puedo seguir la palabra de cualquier sujeto honesto, que me aporte, que contenga una dosis de verdad.
Pero, en la medida que me considero un ser pensante, adulto ya, con ciertas certezas, pues me guardo el derecho a la duda y a la deserción.
Ahora como es dable suponer, en una sociedad de corte mas militar que civil, como la nuestra, el desacato tiene su precio y es alto. El desacato es igual a descarrilamiento, demencia, degeneración, enfermedad, peste, error. Un desacato implica invariablemente un castigo y a veces ese castigo es severo. Esa es mi humilde experiencia señores. Ejercer la identidad y la adultez son conductas casi siempre reñidas con la ley. (Aparte todo lo que me gusta es ilegal o hace mal).
Sin embargo, paradojalmente, pese a la peligrosidad que implica una política personal basada en el desacato, es el precio de la única libertad digna de ser vivida en este mundo lleno de dolor y de deudas. Es el precio por ser uno mismo. Sé que parece una perogrullada, un consejo de libro de autoayuda (los que consumo asiduamente además) pero créanme que no lo es, sobre todo cuando uno es muy uno mismo, es decir cuando uno anda media pasada de mismidad.
El desacato es mi trazado de frontera con una línea de fuego. Es decir, está bien mi hermano, de ahí para allá comienzas tú y de aquí para acá estoy yo, así que no invadas mi territorio, puedes visitarme, si es que yo te invito, pero mi casa no es tu casa, no te cagues en ella, pórtate como la gente decente y si me visitas tráeme un vino.
Desacato es decirle a un curita que muchas gracias por preocuparse por el bien de señoritas desvalidas como yo, pero a mi no me viene a decir un pelado eunuco y pederasta que mierda debo hacer yo con mi coño y con mi vida en general y que si quiero me revuelco en el pecado carnal, me pudro en el infierno si es necesario, ¡que es mi culo tío!. Tengo derecho brother. ¿Suena antiguo no?
Pero no es tan antigua la hueva, porque hay mucha gente afanada aun en tomar decisiones por los demás, sobre todo hay mucha gente que quiere imponerte su modo de vida, siendo que ya tiene uno su LifeStyle súper bien definido, como diría la Quenita o una de ésas.
Y yo no quiero vivir como digan (cantaba Charly). Además, me chupa un huevo eso de la corrección. No me interesa quedar bien con nadie que no me demuestre en los hechos que no es un fraude. No soporto el catecismo, ni la pastoral (a no ser que sea obrera en el más estricto sentido de la palabra), no me gusta la policía hermano, no me gusta la milicia, no me gustan los guardias en los condominios, no me gusta la gente que porta lumas, no me gustan las vecinas que llaman a la policía cada vez que uno enciende un porro.
El desacato en un pueblo tan obediente y asustadizo como éste, es una necesidad. Es un ejercicio de libertad, de madurez, de identidad y de actitud ciudadana.
Hoy, ser solidario, ser consecuente con las ideas que se profesan, es ser desobediente por ejemplo. Vivir en una comunidad y decidir cómo uno quiere ser comida por los gusanos a la hora de la muerte, es un delito. No tener tarjeta de crédito es una anormalidad nociva, una negligencia. No sacarse la cresta para rapiñar un poco de dinero de cualquier manera, es ser un vago. Cualquier desviación de la palabra sagrada del manual de estilo del capitalismo es una cosa peligrosa, antigua, que debe ser erradicada así sea por la fuerza (ya no se usa hacer fogatas pues niña…me dijo el otro día una amiga espantada en una fiesta de la vecindad donde vivo y donde ardían pequeñas fogatas por todos lados)
En resumen, el desacato no es cosa fácil amigo. Generalmente corre sangre, llega la policía y si eres de los que se desmaya fácil, mejor no entres en esto. Quédate en tu casa y cierra bien todas las puertas que viene el lobo.

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