Monday, August 31, 2020
Tuesday, June 09, 2020
Micropoéticas de la Resistencia, La Olla Común
Reflexiones
feministas situadas en torno a la pandemia y la olla común
Por Eli
Neira
Me toca
vivir esta pandemia en Valparaíso, un puerto pequeño y empobrecido del litoral
central de Chile. Las cosas aquí tienen
otra lógica y la cuarentena total (al momento de escribir estas líneas) aun no ha
sido decretada por lo que las personas más o menos podemos circular con cierta
libertad. La ciudad en sí, ya pobre, luego del estallido, la represión y ahora
la pandemia, se encuentra en un peligroso margen.
En esta
ciudad más de la mitad de la población vive del comercio ambulante. La ciudad
entera es una gran feria ambulante, lo cual hace técnicamente inviable la
cuarentena total. Sin subsidios ni nada que mitigue el impacto del encierro, las
autoridades temen a los saqueos y con justa razón.
En este
territorio hay una pequeña consciencia de que las cosas podrían ser diferentes.
Hay sujetos divergentes y otros lo suficientemente precarizados para que el
virus les importe una mierda.
En este
territorio entonces de desobediencia identitaria (el choro porteño es un estereotipo
de la desobediencia, aunque también de machismo puro y duro) se han logrado
mantener durante la pandemia ciertas prácticas profundamente micropolíticas que
hacen que la sobrevivencia sea bastante más llevadera que en la metrópolis. De
partida podemos ir a la playa, a los roqueríos, a la costanera a respirar aire
limpio, tomar sol y baños de agua de mar.
La gente ha
seguido visitándose, los responsables con mascarillas y guantes, los negadores
sin nada, los exagerados con traje de astronauta, pero mucha gente no ha
soltado sus vínculos. Y dentro de ese “no soltarse” hemos procurado seguir
movilizados. En este contexto, las ollas comunes levantadas desde las
organizaciones sociales han sido un espacio de reconstrucción del tejido social,
aunque sea en la frialdad de la modalidad “para llevar”.
En tiempos
de violencia necropolítica y polimorfa,
la olla común ha sido un ritual donde podemos volver a sentir al barrio y a los
vecinos como aliados y no como un mortal enemigo. De alguna manera la olla común, aparte de
aliviar una necesidad real de alimentación, genera un contrapeso en el
imaginario social colectivo saturado de dolor, miedo, odio y desconfianza.
La cocina
comunitaria se transforma en un lugar de encuentro de saberes en torno a todos
los temas que sostienen la vida. ¿Qué hacen las personas cuando cocinan juntas?
Conversan. Con o sin mascarillas, conversan, se encuentran, se entretejen y
generan abundancia donde antes hubo escasez y miedo. Por ejemplo, ¿De qué
conversan las mujeres cuando se juntan a cocinar? De todas las materias; salud,
educación de los hijos, violencias compartidas, estrategias para enfrentarlas.
Y ahí aparecen los secretos y las recetas de la abuela y todos esos saberes
descolonizados que nos ayudan a
sostenernos desde la resistencia, no sólo contra el virus sino también contra
un estado criminal y frente a las medidas deshumanizantes impuestas a nivel
global por la OMS.
Estoy
convencida de que disponemos en Abya
Yala del conocimiento y tecnologías ancestrales en medicina preventiva que nos permitirían enfrentar mucho mejor esta
pandemia evitando el aislamiento total y
las catástrofes de las pequeñas economías. Porque se trata de sostener la vida,
¿O me equivoco?
Al menos en eso estamos nosotros. Sosteniendo
la vida; En eso están las ollas comunes, los temazcaleros que han logrado seguir
activos, los grupos que promueven la ingesta de agua de mar y todos los
impulsores de terapias alternativas, que se han preocupado en mantener el
sistema inmune alto en sus círculos.
La olla
común, desde el estallido social hasta
ahora, ha sido una escuela para mí. La práctica desde dentro me ha enseñado que
hoy nuestro mayor enemigo es el individualismo y el miedo. También me ha
mostrado que donde se colectiviza hay abundancia y la escasez desparece, al
menos en parte. En lo artístico la olla me ha enseñado a desdibujarme como
“autor” para pasar a ser parte de un sistema de activadores que se coordinan
naturalmente, sin jefe ni director, para generar una performatividad colectiva en
torno a la multiplicación del alimento, un hecho muy concreto, político y
ancestral a la vez. Al alimentarnos juntos recordamos que básicamente somos
tribu, manada, pueblo, comunidad.
Consciencia y práctica colectiva que nos libera del terror pánico que
nos da el fin del individuo y el fin del pacto social en que reposaba
(ficticiamente) la República.
En tiempos
donde los estados del capitalismo global despliegan ya sin ninguna máscara, sus
necropolíticas de exterminio sobre cuerpos que no importan al capital, la olla
común se convierte también en un conjuro contra la muerte, una estrategia a
favor de la vida.
Una de las
enseñanzas que el COVID nos deja es que somos completamente interdependientes a
nivel global y que nos multiafectamos con cada respiración, por lo que vivir y
cuidar de la vida se vuelve un imperativo ético colectivo de suma urgencia. La
olla común es la madre de todas las prácticas comunitarias y una gran instancia
para comenzar a entenderlo en el propio cuerpo y en el cuerpo de lo demás.
Porque solo el pueblo ayuda al pueblo y solo el pueblo educa al pueblo.
Solo nos
tenemos a nosotros y si no nos sostenemos, seremos fagocitados por el
despliegue de una nueva y más represiva etapa en el dominio del gran capital,
un nuevo orden mundial, de restricción de nuestros derechos y precarización de
la vida sin precedentes. En esta resistencia no podemos soltarnos y no podemos
dejar de reparar el tejido social. Al menos
mientras podamos seguir haciéndolo.
Monday, December 02, 2019
La nuevo sujetx de la re-evolución
Registro de "Un violador en tu camino"
Por Eli Neira
Hay algo que definitivamente el gobierno y los grupos empresariales no están entendiendo de esta crisis, y es que el / la sujetx histórico cambió. Y no cambió un poquito, sino que cambió radicalmente. Me atrevería a decir que estamos frente a un cambio paradigmático, un cambio civilizatorio, justo el que estábamos necesitando para no extinguirnos ante la voracidad del capitalismo neoliberal en su fase final de acumulación. Fase final porque ya no hay más recursos que depredar, no hay más planeta.
Lo que hemos visto en estos días es que estamos ante dos tiempos históricos que chocan, el de la re- evolución que quiere superar el neoliberalismo y toda su indignidad y el de la guerra fría, un paradigma obsoleto que trata de ser aplicado a un tiempo que le queda muy grande. Entre otras razones porque la sujeto histórico ya no es para nada el mismo que el de la guerra fría. Internet y el mercado global moldearon un ser completamente diferente. Hipercomunicados, capaces de construir hora por hora una subjetividad hedonista (que el mismo mercado propicia y se beneficia de ella) ya no estamos dispuestos a ser abusadxs.
Esta nuevo sujetx, no le tiene miedo al estado, porque se sabe de alguna manera “acreedor” de ese estado al que alimenta con sus impuestos. Entonces la doctrina de shock ya no funciona con este nuevo actor que sale a la calle empoderadx e indignadx exigiendo derechos, porque el polo de poder cambió, ya no está en la cúpula, sino que ha regresado a la base.
La nuevo sujetx se comunica de manera simétrica y autárquica, sin mediadores a través de las redes y no reconoce más autoridad que su deseo. Es activa y performática, desde que la sociedad del espectáculo le dio una cámara y una tribuna global. Por lo tanto quiere ser parte de la historia, no padecerla como sus padres y abuelos.
Esta sujeto se encuentra de pronto en medio del tiempo de la re- evolución, que es un tiempo otro, un tiempo maravilloso, donde se suspenden las reglas del juego, se trastorna el cotidiano y se abren las puertas invisibles que contienen todas las posibilidades. La revolución es un tiempo acelerado y denso que sin embargo nos revela y construye a la vez otra realidad, un nivel diferente. Es el tiempo que corresponde al salto cuántico.
Y como tal está pletórico de posibilidades. También de muerte. Muerte y cambio, muerte y cambio, muerte y cambio, son los polos del Pachakuty, el tiempo aymara de la transformación.
El imperativo del aquí y ahora de la protesta permite al manifestante justamente exponer toda su potencia creativa, la misma que durante años fue cooptada por la productividad mecánica y el mercado. No en vano el gobierno ha puesto todos sus esfuerzos represivos en este “manifestante” porque lo intuye a caballo en un nuevo poder. Poder que se revela como lo necesario para enfrentar la necropolítica de la mutilación y la maximización de la pedagogía de la crueldad, articulada por una clase en absoluta decadencia moral e institucionalmente sin ninguna representatividad, que se aferra cada vez mas patéticamente a lo único que conoce, el abuso de poder.
Pero la exhibición obscena de su propia pudrición ya no tiene otro destino que el fracaso absoluto. Verlos caer uno a uno, por el peso de su propia decadencia es solo cuestión de tiempo, porque nosotros ya ganamos. Ganamos desde el momento que hartos y conscientes de nuestro hartazgo salimos a la calle sin miedo para decirles que ya no deseamos ser lo que ellos son y que no deseamos lo que ellos quieren vendernos y eso tarde o temprano devendrá en nuevas y creativas formas de hacer sociedad en un mundo sin recursos.
Su propia violencia está generando en nosotros una unidad que desconocíamos y hemos vuelto con urgencia a generar comunidad, rompiendo de una vez y para siempre la atomicidad del individuo posmoderno que atenúa su inconmensurable soledad consumiendo cosas que no necesita.
El proceso tomará tiempo y víctimas de ambas partes, porque el poder, incapaz de construir otredad, lo ve y acciona efectivamente como una guerra, no como la ascensión de un nuevo tiempo liderado por un nuevo ser humano. Pero es irreversible, ya nada volverá a ser igual porque han caído las máscaras y hemos visto el horror sobre el que se construyó el viejo orden. Lo que hemos aprendido en estos días movilizados quedará indeleble en la memoria colectiva no de una sino de todas las generaciones que vendrán.
Su deshumanización nos ha re humanizado y nos ha hecho recordar quiénes somos. Ni wallmart ni Piñera ni la televisión ni todos sus montajes de pacotilla pueden contra eso. Estamos siendo territorio recuperado. Si nos militarizan las calles la re — evolución continuará bajo tierra, por dentro, seguiremos trabajando sin parar para cambiar el modelo porque ya experimentamos la dignidad y queremos vivir ahí. Y hemos experimentado la otredad como comunidad viva y vibrante, colaborativa y comprometida. Ya no queremos volver atrás y la vida tiene ahora otro sabor y otra intensidad, a veces amarga como la sangre pero libertaria como hace mucho tiempo no experimentábamos.
Sunday, August 18, 2019
"Plastic Holocaust" Video performance
Fragmentos de "Plastic Holocaust" video performance realizado durante residencia de arte en Centro Negra AADK Spain, Ciudad Blanca España,
Agosto 2019
Agosto 2019
Registros de Berke Halman y Marisa Pschorr
Saturday, March 23, 2019
La obsolescencia del autor en el performance
"Tu Patria está llena de basura" Amapu colectiva feminista, Valparaiso 2019 foto Jim Delemont
En este
texto abordare un asunto que suelo tocar en los talleres de performance y que
se ha convertido en una preocupación muy actual en el marco del cambio
tecnológico al que estamos expuestos como “productores” de imágenes y conceptos,
como productores finalmente de “obra” ,
insertos en un mercado macabro y especulativo. Este asunto tiene que ver con la imposibilidad
de aplicar hoy el principio de derecho de autor a una pieza de arte de acción. De
la obsolescencia del “autor” en el performance.
¿De quién
es un gesto, un signo usado en una performance? ¿Qué sucede cuando un artista
reproduce algo que ha visto ya sea en
otro performer muy reconocido o de otro sin visibilidad? ¿De quién es el gesto
de dormir, cagar, comer, sangrar en una performance? ¿Quién lo hizo primero y
quién después? Finalmente ¿Quién copió a quién? Es bien sabido que existen una
serie de lugares comunes en el arte de acción y que funcionan como una partitura
de la que nadie escapa porque por sobre todas las cosas el arte de acción es
ritualidad y el ritual es un lugar común pero común de “comunidad”. Podríamos
hablar entonces de una comunidad de signos, una especie de alfabeto universal
del cuerpo.
En ese
sentido es lógico que experiencias que cruzan a una comunidad tales como una
guerra la pobreza o la colonialidad generen signos similares ya que a todos nos
toca esa “experiencia común”. Por
ejemplo ¿En cuántos artistas latinoamericanos está presente la figura de la empleada
doméstica con todas sus posibles metáforas? En muchos, asi también como en películas novelas
y una gran producción cultural destinada a comprender y mostrar esta figura que
nos habla de siglos de colonización reactualizada una y otra vez.
Me ha
pasado muchas veces que se me ocurren cosas para hacer y luego me entero que
“X” o “Y” lo hizo en otro espacio tiempo.
¿Tengo entonces que desoir mi instinto creativo y no hacerlo porque ya
está hecho? ¿Para quién hago lo que hago entonces?, ¿Para quién trabaja el
artista del performance? ¿Para un muy pequeño y selecto mercado más inexistente
que real o para su propia inquietud existencial?
Por otro
lado sabemos que el acto creativo como el acto social consiste en una serie
infinita de apropiaciones e intercambios. Nada es de nadie porque todo es de
todos. Estamos insertos en una historia. Nuestro archivo visual está compuesto
por todas las imágenes que hemos visto a lo largo de nuestra vida en vivo y en
directo o a través de una reproducción.
Que seamos capaces de reconocernos en esa cadena es lo que nos hace
conscientes o no.
En lo
personal yo soy de las que creen que así como la tierra es de quién la
trabaja, las ideas son de quién las
ejecuta. Por otra parte por mucho que
repitas un signo, es imposible que te salga igual a nada porque la performance
se inserta en el flujo siempre cambiante de la realidad. Así como nadie se baña
dos veces en un mismo río, de la misma manera nadie puede aunque lo pretenda, copiar a la perfección una pieza de
performance.
Experimentando
yo he hecho el mismo gesto en lugares y tiempos diferentes y siempre el
resultado difiere y su significado cambia y se expande porque el performance es
un arte situado, de un aquí y un ahora únicos e irrepetibles.
Sin embargo
la apropiación y el plagio existen entonces ¿Cómo lo identificamos?¿Cómo nos prevenimos de
ello? ¿Cuándo existe apropiación y cuando no? ¿Cuándo existe extractivismo dentro
de la relación de los artistas entre si y / o con su entorno?
Aquí
entramos en el territorio de la ética, rama de la filosofía por completo
desconocida por las nuevas generaciones de artistas (mal) educados bajo las
directrices neoliberales del mercado o la “industria cultural”, donde todo,
pero es que absolutamente todo vale con tal de un minuto de fama.
El asunto ético que no está siendo considerado,
es la consciencia del lugar del artista en la historia del signo que está
usando.
Tenemos
entonces que el apropiacionismo tiene
diferentes matices en la época de la reproducción técnica masiva y viral. Según
mi punto de vista, habría apropiacionismo cuando tomas un signo sin referir su
origen, sabiéndolo y lo haces pasar por tuyo. Es decir cuando quieres pasar
gato por liebre y eso siempre es una elección que el artista hace en la intimidad
de su consciencia o falta de ella.
¿Por qué
podemos hablar de plagio con propiedad en disciplinas como en la escritura pero
no en el performance?
Tal vez
solo por el cuerpo. Al poner el cuerpo,
éste funciona como una gran máquina procesadora de contenidos que
invariablemente modifica. Siendo el cuerpo único y específico entre todos los cuerpos.
Solo el cuerpo te salva pero la
intensión te condena.
Me gusta
pensar que esta imposibilidad de la propiedad privada del performance es parte
de su esencia revolucionaria. Me gusta imaginar el performance como una
partitura musical donde el cuerpo del artista es el instrumento y el ejecutante.
En mis talleres hago a mis alumnos “copiar” una performance que los inspire,
para que pierdan el miedo y se den cuenta que jamás saldrá igual porque su
huella digital estará presente en todo momento.
Muchas veces
me he disgustado por piezas que “copian” un gesto que creo propio, sin embargo
pronto me doy cuenta de que yo lo vi en otra artista y luego investigando
encuentro otra y otra y otra, cada una en épocas y lugares diferentes.
Me parece
que en este caso la honestidad es lo único que nos salvará de ser acusad@s de
plagiarios. La honestidad y la humildad de reconocer que todo está hecho desde
el principio de los tiempos y que nosotros sólo estamos constantemente
reactualizando el drama humano. Pero lo hacemos desde el lugar único de nuestro
cuerpo, donde el milagro de la originalidad existe (aún).
Thursday, March 21, 2019
¿Conoce usted a una mujer normal?
Performance - Agite Feminista Parque Central San José de Costa Rica Festival Internacional de Performances Forma y Sustancia febrero 2019
Registro: Mat Kat & Natalia Astuacás
Monday, January 14, 2019
Sunday, January 06, 2019
Sunday, December 16, 2018
Saturday, November 24, 2018
Las amigas
Por Eli Neira
Mi abuela
tenía una amiga, la señora Marta.
El único
vínculo que conservó del campo cuando se vino a vivir a Santiago. Cuenta la
historia que en algún momento la señora Marta y mi abuela fueron vecinas.
Inquilinas del mismo fundo, en Sagrada Familia, en la séptima región. Allá por
los años 40.
Eran
físicamente muy diferentes, mi abuela era alta y gruesa, imponente, mientras
que la señora Marta era pequeña y delgada, esmirriada y había perdido casi todos
sus dientes.
Se
visitaban cada vez que podían, o mi abuela hacia sus maletas y se iba a pasar
un verano al campo a la casa de la señora Marta o era ella la que agarraba sus
canastas y se venía a la capital los
tres meses que duraba la temporada estival.
A mi me
gustaba los regalos con que ambas se agasajaban: Cuando mi abuela viajaba
llevaba pantis de nylon, colonias, desodorantes
y cosas de la ciudad. Cuando la señora Marta la visitaba traía tortillas
de rescoldo, charqui, agua ardiente y hasta huevos de gallina soportaban el
trajín del tren desde Curicó a Santiago y luego las vicisitudes de la
locomoción colectiva.
Un año la
señora Marta vino con sus hijos y trajo un chancho. Lo pusieron en la tina del
baño de nuestra casa para ser faenado (No cabía en ningún otro lugar). Con la percepción aumentada de los niños, para
mí el famoso chancho se transformó en una especie de monstruo mitológico que
ocupó todo el espacio vital a mi alrededor, real y metafísicamente hablando, por
mucho tiempo. Todo ese verano duró la faena del
animal y en ella participamos toda la familia, mi papá, mis tías y sus
maridos. Mi hermana y yo veíamos ese trajín con olor a grasa y carne con la
distancia que te permite ser niña. De todas maneras no nos salvamos del todo y
nos mandaron a lavar las tripas para hacer las longanizas. Recuerdo que comimos
chancho y sus derivados, charqui, longaniza, manteca, chicharrones, por
muchísimo tiempo. Tanto tiempo que yo demoré muchos años en volver a sentir
apetito por la carne de cerdo.
Sin
teléfono ni internet, mi abuela y la señora Marta planificaban sus encuentros a
través de cartas escritas y leídas por los hijos o los nietos ya que ambas eran
analfabetas. Las cartas podían demorar hasta tres meses en llegar a sus
destinatarias. En sus misivas ellas eran claras y breves. Y por supuesto daban
un crédito absoluto a la palabra de la otra. Entre ellas no existían las
promesas incumplidas. No podían existir.
Cuando
estaban juntas se dedicaban a todas esas tareas que demandan colectividad.
Hacían pastel de choclo, humitas, pan amasado, tortillas, ollones de porotos
granados y un largo etcétera. A los niños nos tocaba limpiar los choclos cosa que
yo odiaba porque siempre salía una oruga verde y peluda, horrorosa al tacto.
Cuando caía
la tarde mi abuela y la señora Marta se sentaban a descansar y tomar el mate. Cuentan mis tías que fue a
causa de su adicción al mate que a la señora Marta se le cayeron los dientes cuando
aún no llegaba a los 60. Mi abuela usaba
placa.
Frente al
brasero con la tetera siempre lista, ellas hablaban mientras desgranaban habas, porotos o arvejas. Sus manos no estaban nunca
quietas.
No hablaban
de hombres ni de otras mujeres.
Hablaban de
cosechas, semillas, animales, huevos. La señora Marta era experta en huevos de
colores y conocía muy bien todas las razas de gallinas disponibles en su
territorio. Mi abuela en cambio era autoridad en flores e injertos. Y así se
pasaban los días juntas haciendo cosas para los demás pero por ellas mismas.
Hasta que
un día cualquiera mi abuela dejó de recibir noticias de la señora Marta y la
tristeza de sobrevivir a los amigos se apoderó de ella. Ningún hijo se acordó de enviar un telegrama
o una carta a la amiga en Santiago que murió bastante después a los 93 años,
En un mundo
hostil donde el marido era el enemigo y el cerro el escondite que podía
salvarles la vida cuando llegaba el momento de los golpes, algo muy importante se fraguó para siempre entre estas dos mujeres.
Ellas no
eran feministas ni tenían la más remota idea de lo que la palabra sororidad
significaba. Ellas simplemente sobrevivieron a sus entornos, probablemente algo
que no hubiera sido posible la una sin
la otra. En un mundo de vínculos desechables la sencilla amistad de mi abuela y
la señora Marta me recuerda hoy que el amor entre las mujeres, más allá de todo
marco teórico, puede ser libre toda posesión y noble como el oro.
Con la
muerte de mi abuela mi familia cortó el lazo con el campo y la señora Marta,
sus regalos grandiosos y humildes a la vez, pasaron al olvido entre las nuevas
generaciones dispersas en la gran ciudad. Sólo el recuerdo del chancho en la
bañera como un rey muerto persiste en mi memoria y me habla de ese tiempo
mítico tejido palabra a palabra por las dos amigas.
Wednesday, November 21, 2018
El mundo de los hombres
El mundo que los hombres blancos han creado
Ordena, clasifica, jerarquiza;
Primera categoría, segunda categoría, tercera y última categoría
El mundo que los hombres blancos han creado
Corta, extrae, impone
Concentra, centraliza, desplaza, excluye
Extingue
Homogeniza
En este mundo
La vida se contabiliza, se acumula y acapara
Ordena, clasifica, jerarquiza;
Primera categoría, segunda categoría, tercera y última categoría
El mundo que los hombres blancos han creado
Corta, extrae, impone
Concentra, centraliza, desplaza, excluye
Extingue
Homogeniza
En este mundo
La vida se contabiliza, se acumula y acapara
Este mundo aparenta ser
pero no es
En el mundo que los hombres blancos
han creado la persona rápidamente
deviene cosa (o propiedad)
y la cosa deviene desecho
Incluso cuando los hombres blancos hacen lo que quieren lo hacen odiando, disciplinando, oprimiendo.
En este mundo se alzan muros, se construyen cárceles y zoológicos humanos, centros de exterminio.
No hay en este mundo ni una pizca de amor ni nada que se le parezca
pero no es
En el mundo que los hombres blancos
han creado la persona rápidamente
deviene cosa (o propiedad)
y la cosa deviene desecho
Incluso cuando los hombres blancos hacen lo que quieren lo hacen odiando, disciplinando, oprimiendo.
En este mundo se alzan muros, se construyen cárceles y zoológicos humanos, centros de exterminio.
No hay en este mundo ni una pizca de amor ni nada que se le parezca
En el mundo que los hombres blancos han creado
Nosotras no existimos
No nos vemos
No nos oyen
Somos sujetos de segunda
Tercera cuarta categoría
Somos carne de cañón
matricería al servicio de la continuidad
de su estirpe de hombres
ganadores
Nosotras no existimos
No nos vemos
No nos oyen
Somos sujetos de segunda
Tercera cuarta categoría
Somos carne de cañón
matricería al servicio de la continuidad
de su estirpe de hombres
ganadores
En el mundo que estos hombres han creado
Nos están matando
A todos nos están matando
Como hace siglos atrás
Nuevamente nos están matando
Poema y fotoperformance de Eli Neira
Nos están matando
A todos nos están matando
Como hace siglos atrás
Nuevamente nos están matando
Poema y fotoperformance de Eli Neira
registro: Sarah Jane Pan
Monday, November 12, 2018
Genealogía de mi Apostasía
Por Eli Neira
Parte 1
La primera vez que
escuché de la existencia del recurso de apostasía fue de parte de Pao Lin una
activista transfeminista a quién conocí en Buenos Aires a mediados de los 2000.
Pao me contó por entonces de sus esfuerzos por desafiliarse de la iglesia
católica y de este recurso que es un trámite formal que hay que hacer al
interior de la misma iglesia para salir de sus archivos adonde entraste como “fiel”
cuando fuiste bautizado, probablemente a
los pocos meses de existencia, por decisión de tus padres que siguiendo un rito
de aceptación social, no entendían ni una mierda en lo que te
estaban metiendo.
“Pero para mí la iglesia
católica no es importante, me siento tan fuera de ella hace tanto tiempo”, me
dije a mi misma en ese momento.
Claro, a uno le puede no
importar en absoluto la iglesia católica, pero el problema, me explicó Pao, es
que tu bautismo cuenta como número y como cifra que la iglesia usa a su favor.
Por ejemplo en Argentina la iglesia recibía hasta ahora, un subsidio por “fiel”
inscrito. Ese flujo de dinero no era ni conocido ni cuestionado. Las apostasías
masivas que ocurrieron en el marco de las movilizaciones por la legalización
del aborto este año remecieron a tal punto los cimientos de este privilegio que
el mismísimo papa Francisco se pronunció recomendando al clero argentino renunciar
a esta “ayuda” como una manera de poner paños fríos a la ola de renuncias.
En lo personal fue
durante el funeral de mi amiga hija de perra, triste y equívocamente encabezado
por un cura católico, donde nació por primera vez en mi el ardiente deseo de
apostatar, al ver la imposibilidad de despedir a un ser querido con un ritual
que correspondiera con lo que había sido su vida y sus valores.
En ese momento entendí
que la iglesia católica rapta y coloniza los rituales más importantes de la
vida de una persona, su nacimiento, sus amores y su muerte.
Mis padres fueron
obreros fervientemente católicos que me bautizaron al nacer y después me
educaron en un colegio católico donde tuve que hacer la primera comunión y la
confirmación para poder pasar de curso. Años más tarde comprendí que el
desmantelamiento de la educación pública en Chile favoreció directamente a los
colegios católicos y privados.
Así fue como pasé la
mitad de vida siendo colonizada por una ideología que odia a las mujeres y odia
a los cuerpos y sus sentidos. En ese contexto mi sexualidad fue desde la
pubertad reprimida y castigada generando en mí una enorme diversidad de traumas
y patologías que sólo con el tiempo, mucha terapia y arte pude entender y
superar.
Estoy convencida que si
hay un bastión del patriarcado burgués capitalista castigador que tiene que
caer éste es la iglesia católica, que en nuestro territorio, Abya Yala arrastra además el oscuro karma de
haber sido la fe colonizadora.
Ha corrido demasiada
sangre en estas tierras en nombre de la cruz. Ha habido demasiado dolor y
demasiada impunidad. Entonces y a luz de los escándalos por abusos a menores
realizados por curas católicos y a la luz de la actitud de la misma iglesia
ante esos abusos y su postura frente a temas como el aborto o el VIH SIDA, la
apostasía lejos de ser un acto meramente simbólico, adquiere un sentido muy real
como acción de consciencia histórica descolonizadora y como ejercicio de
micropoder.
Es conveniente recordar
que la opresión también está llena de “actos simbólicos” que actúan en nosotros
con mucha efectividad.
Hoy la apostasía
significa usar la mínima cuota de poder que nos queda frente a la fuerza
totalizadora con que se nos ha aplastado durante siglos de catolicismo
obligatorio. Podemos ser una suerte de
termita que carcome los podridos cimientos de una institución nefasta.
En Chile fue el
activista y periodista Víctor Hugo Robles el che de los gays, quién allanó el camino, haciendo su apostasía en el año 2010 llegando
a interponer un recurso de amparo frente a la negativa de la Iglesia en darle
una respuesta oportuna.
La apostasía funcionará
como un legítimo acto de contrapoder en la medida que se masifique. En esta
lucha no importa quién fue el primero o el último ni quién es el más rebelde ni
la más linda, sino que importa salir, darse la paja y HACERLO.
Entonces, es verdad que
estamos oprimidos pero siempre quedará un espacio por mínimo que sea donde
puedes liberarte. En este sentido tomo los ejemplos de la machi Francisca
Linconao y el machi Celestino Córdova dos mapuches pobres que estando
completamente expropiados de todos sus derechos, condenados por ley
antiterrorista, presos de un montaje del estado chileno encontraron en el
ejercicio de la huelga de hambre un elemento de empoderamiento tal que lograron
parte importante de sus requerimientos.
2
Instrucciones para
apostatar:
Paso 1: Averigüe el año
y la parroquia donde usted fue bautizado.
Paso 2: Diríjase a dicha
parroquia y pida un certificado que se llama “FE DE BAUTISMO”. Este certificado
es GRATUITO. Puede que le pidan un aporte voluntario pero no más que eso.
Paso 3: Una vez que
tenga su fe de bautismo debe dirigirse a la diócesis a la cual pertenece su
domicilio. Ahí debe explicarle a la secretaria que usted desea apostatar. Lo
enviarán entonces donde la notaría eclesiástica que funciona dentro de la misma
diócesis para legalizar asuntos concernientes a la iglesia. Le harán llenar un
formulario donde usted declara estar de acuerdo con la penalidad que este
trámite implica y que en resumen lo deja fuera de cualquier ritual de la
Iglesia católica.
Luego de firmado el
documento debe esperar entre 15 a 30 dias a que le envíen a su email la
anotación que quedara impresa en su ficha de bautismo y que da cuenta e su
renuncia.
*LA TOTALIDAD DEL TRÁMITE
ES GRATUITO Y ES SU DERECHO EJERCERLO*
3
El primer paso fue
averiguar dónde fui bautizada lo cual muertos mis dos padres no fue tan fácil.
Para mi sorpresa mi hermana mayor se acordaba, fue en la capilla San Ramón hoy
capilla castrense, es decir perteneciente o vinculada a las fuerzas armadas de
Chile, lo que le dio a mi apostasía un reforzado sentido. Se trataba ahora de
desinscribirse de dos instituciones aborrecibles a mi ética, la iglesia
católica y las fuerzas armadas.
Se me ocurrió entonces
que la apostasía podía formar parte del mas silencioso pero (para mi) el mas
contundentes de mis proyectos “Micropolítcas de la resistencia”;
Hace años atrás inicié
una serie de acciones personales tendientes a modificar la organización de mi
vida, descolonizarla de elementos que me parecían nefastos. Asi fue como fui
primero eliminando algunas sustancias como el alcohol, los medicamentos y la
carne. Luego dejé de mirar televisión, de postular a los fondos de
financiamiento del estado, de comprar ropa nueva. Asi fue como fui renunciando
al trabajo asalariado, a la AFP y no tuve hijos. Llame a estas acciones
"Pequeños ejercicios de resistencia micropolítica", ya que era
imposible traducirlas en una imagen, sólo el relato de la experiencia y el
proceso era lo que podría conceptualizarse como una obra de arte.
4
Diálogo con la notaria
eclesiástica encargada de formalizar mi Apostasía sostenido en las impecables y
vacías oficinas del arzobispado de Valparaiso.
Notaria: señora
Elizabeth ¿Está segura de lo que va a hacer?
Yo: Si, estoy segura
Notaria: ¿Sabe usted que
lo que va a hacer constituye un crimen eclesiástico?
Yo: (no puedo evitar sonreír...se
me vienen a la cabeza los crímenes de los pederastas de la iglesia) Si, lo sé. (No lo sabía pero me
hace mucha gracia...)
Notaria: ¿Sabe usted que
no podrá tomar el santo sacramento ni ser madrina de bautizo o confirmación?
Yo: Si, lo sé.
Notaria: ¿Y sabe que no
podrá tener cristiana sepultura?
Yo: (Nuevamente me sonrío...me
parece una gran liberación que mi funeral no lo dirija un cura de mierda) Si,
lo sé.
Notaria: Firme aquí y le
haremos llegar la noticia de su apostasía.
(Yo)-…..¿Puedo sacarle
una foto a este documento?
Notaria: No
(Yo)- ¿Hay una copia
para mí?
Notaria: No
¿Cuánto tiempo se
demorarán en informarme?
No lo sé.
(De "micropolíticas de la
resistencia")
dedicado a Hija de Perra.
Thursday, September 27, 2018
Monday, July 16, 2018
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