"Me desnudo para ti o estrategia para nombrar lo innombrable" performance de Eli Neira from elizabeth neira on Vimeo.
Por Eli Neira
¿Cómo hacer un homenaje a
la vida y obra de un artista que
quisiste mucho y que “se fue” a sus tempranos 34 años, omitiendo las causas de
su muerte?, además ¿Por qué omitirlas?,
¿A quién protejo finalmente si las omito? , ¿A la familia o al sistema? Fueron
las preguntas que surgieron a la hora de plantearme un homenaje a Hija de Perra a un año de su partida. Así fue
como lo que inicialmente estaba pensado como una sesión de espiritismo
colectivo se transformó en una pieza unipersonal, donde la sangre y el fantasma del VIH serían los protagonistas.
Todo estaba dado, la menstruación llega
cuando llega y a mí me llego justo por esos días. A lo que se sumo una polera
con la inscripción “Soy VIH positivo” que me había regalado del poeta argentino
Lucas Fauno hacia unos meses atrás en Quito para ser usada en algún momento en
alguna obra. Intuí que el momento había llegado. Con todos esos elementos la
acción “Me desnudo para ti” se armó sola; La sangre menstrual, con toda su
carga de tabú ancestral, acumulada gracias al dispositivo de la copa menstrual,
mas la remera “Soy VIH positivo”, funcionaron como dos bombas que juntas pudieron traer a la superficie ese mudo terror
a la enfermedad que yo quería hacer visible o consciente, al menos en el atribulado
pero supuestamente liberal y expandido público de una galería de arte (Galvez
INC).
Después de un largo silencio mientras
Víctor Hugo Pérez (nombre asignado del creador de Hija de Perra) estuvo con vida, esta vez sentí que ya era hora de nombrar lo innombrable para que al menos la muerte de nuestros
héroes y amigos no fuera tan en vano.
Andrés Pérez, el gran renovador del teatro chileno, murió de SIDA, el
año 2002. Por entonces la prensa (yo era parte de esa prensa) anunció que el
destacado director chileno murió de “una larga y triste enfermedad”. ¿Cuántos
eufemismos vale una vida infectada con el virus me pregunte por aquellos años? Andrés
Pavés actor y diseñador murió de SIDA por la misma época; el poeta Antonio
Silva, murió de SIDA hace no mucho, sumido en el más triste encierro y abandono
porque su familia no quería que nadie lo viera. Hija de Perra murió de SIDA dejando una deuda de 58 millones de pesos en la Clínica Dávila, después de tres meses
de coma. Tras su muerte la clínica traspasó
la deuda a su familia. Por éstas y por otras tantas razones me parece que es un
buen momento para nombrar lo innombrable. El SIDA existe en Chile y también se
lleva a la gente que nos importa.
Según mi último examen de hace un año atrás yo no tengo VIH, sin
embargo, ¿Quién puede asegurar con
certeza que no tiene VIH? ¿Cómo podemos saberlo? ¿Cuánta gente sabe dónde y cómo hacerse el examen en Chile? , ¿Cuánto cuesta? Los que
hemos pedido el test en el servicio público de manera preventiva hemos tenido
que soportar la inmediata mirada de condena de todo el personal médico, algo
asi como la inscripción de la palabra promiscua (o) u / o cochina(o)en la
frente. También hemos tenido que firmar una declaración jurada de que nos hacemos
responsables de lo que estamos pidiendo. Es decir hemos pasado al oscuro salón
de la condena social, por el solo hecho de solicitar el examen. Por querer
saber.
No es fácil en el reyno del eufemismo saber si estas infectado o no. Tampoco
es fácil acceder a preservativos ni en las tiendas ni en los hospitales, que
sólo reparten condones para uso vaginal, como si nadie en Chile practicara sexo
anal. De eso me enteré justamente en las clases de venéreas que dictaba Hija de
Perra, clases que el Fondart no quiso
financiar pese a haberlas evaluado excelentemente, porque “El país no estaba
preparado para ello”. No hay publicidad de preservativos en las carreteras, ni
en el metro, ni en los diarios, ni en la radio ni en la televisión. Su uso aun es condenado por la iglesia
católica que pone trabas criminales y el grito en el cielo cada vez que el
gobierno intenta hacer una campaña de prevención realista. Información hay poca
y a la falta de campañas de se suma la carencia de leyes que protejan y
reconozcan los derechos de los
infectados, porque la palabra aun huele
a azufre y la gente prefiere no decirla como si al no decirla no existiera. Y así
es como un grueso muro de silencio e ignorancia va separando y condenando a los
cuerpos VIH positivo.
Estoy absolutamente segura de que el alcohol mata más gente en Chile que el SIDA y el Cáncer juntos. ¿Por
qué no ocultamos a los enfermos de cirrosis?, ¿Por qué no escondemos a los
enfermos de bruxismo o a las histéricas o a los paranoicos?¿O a los
cleptómanos? (que hay montones y están en el poder).
Todos sabemos que hay muchísima gente que convive con el virus y que
lleva vidas bastante mejor orientadas que todo el resto. A estas alturas de la historia, aquellos
niños que nacieron con SIDA, entre las décadas de los 80 y 90, los que no murieron, ahora son
jóvenes, estudian, producen, pagan impuestos, y viven con el fantasma de la enfermedad innombrable ¿Está preparada
la sociedad chilena para incorporar sin patologizar a los cuerpos VIH positivos
que ya existen y a los que vendrán?¿O pasarán a formar parte de la cada vez más
grande lista de los invisibles?
SIDA SIDA SIDA, SIDA, SIDA, SIDA, SIDA yo lo digo, lo nombro y me pongo
una camiseta que dice “soy VIH positivo” aunque no lo sea, porque cuando un amigo muere de SIDA, todos
tenemos SIDA.
Es la doble moral, el cinismo y
el conservadurismo criminal que se impone en todas las materias de la esfera
pública de este país, desde la educación, pasando por las leyes y el
presupuesto, lo que está matando a nuestros amigos. El oscurantismo sólo ha servido para expandir
más el virus y para degradar hasta lo indecible el desenlace de los cuerpos VIH
positivo. Basta de boca cerrada, basta
de patologizar, basta de estigmatizar y basta de lucrar con “el secreto”. El
SIDA existe como existe el cáncer, como
existe la diabetes, como existe la sífilis y la gonorrea y el papiloma presente en la gran mayoría de
las mujeres con vida sexual activa. El Sida existe y necesita ser visible en
las políticas de salud pública y necesita la aceptación de toda la sociedad y sobre todo necesita del final de la
vergüenza. Que la muerte de nuestros amigos no sea tan en vano.
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