De "Vivas nos queremos" 4, performance en el Ex Convento del Desierto de Los Leones, Ciudad de Mexico mayo 2017
Para Biósfera Arte Experimental, foto registro de Diana Soria.
El mundo que el patriarcado ha construido nos está matando.
Nos está matando a nosotras las mujeres y a la naturaleza y está terminando con
el planeta en que vivimos. Hoy en día, con escalofriantes cifras, un promedio
de 5 mujeres al día son muertas por violencia de género solo en México, es
imposible no detenerse a pensar en los feminicidios como una cruel metáfora de
nuestro tiempo tan feminicida como ecocida.
Cómo acercarse desde el arte a un cuerpo violado, mutilado,
escrito con insultos, un cuerpo joven, de alguna mujer que se llama igual que
otra mujer que amas o amaste. ¿Cómo
narrar el horror cuando ya sabemos que el horror es inenarrable?
Lo cierto es que no podemos olvidar que nos están matando.
No podemos olvidarlo porque
cada mujer asesinada es una pariente cercana. Cada mujer muerta pude
haber sido yo misma porque el feminicidio es una forma de relacionarnos, basada
en la dominación y la violencia. El odio hacia la mujer “No es personal”…por lo
mismo es más peligroso. Sólo basta ser mujer para que alguien crea que tiene
derecho a matarte de la peor manera.
En el mundo del Dios padre, con una narrativa exclusivamente
protagonizada por hombres, el padre, el hijo y el espíritu santo, que por
supuesto también es hombre, ¿Cuánto tienen de responsabilidad sobre la
devaluación de la vida de las mujeres nuestras instituciones tutelares como la
iglesia católica? La historia habla.
Trabajar en el Ex Convento del Desierto de Los Leones implicó trabajar con un cuerpo, (mi cuerpo) oprimido
por una arquitectura monumental - eclesiástica. Oprimida tal como el
patriarcado oprime; La presencia de la silla disciplinante, jerarquizante,
civilizadora, correctiva de la postura,
diseñada para el sometimiento y el ordenamiento de un cuerpo hembra
desobediente. Un cuerpo hembra que busca
una salida.
El Ex Convento con su carga de historia y monumento se
transforma en un escenario ideal para interrogar siglos y siglos de misoginia
naturalizados como historia, religión, cultura y poder. De esta manera la performance también puede
enfrentar a la historia, tensionar signos y proponer puntos de fuga y en este
caso, activar también una memoria nómade de todas las mujeres asesinadas tanto
en México como en el mundo.
E.N.
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