Algunas reflexiones post X Encuentro Hemisférico
de Performances
Ex Céntrico, Soberanías & Disidencias
Santiago de Chile julio 2016
Por Eli Neira
¿Se puede hablar de la periferia desde la más
rotunda de las centralidades?, ¿Se puede hablar de la periferia en
la periferia, con intención inaugural y cobrar por ello, (a los
sujetos periféricos, mismamente)? ¿Se puede hablar de la periferia
sin jamás haber tenido ni la mas leve simpatía ( em- patía) con
alguna periferia real? Margen que sin embargo se desea enunciar, no
se sabe bien si como objeto de deseo, objeto de estudio u realidad a
colonizar. O todo eso junto.
De poder se puede, me dirán ustedes, pero es
ilegitimo les diré yo. Y si no es ilegitimo, es, al menos, un
acercamiento muy pero muy parcial que bien haría en partir por
reconocer esa parcialidad.
El centro es por antonomasia un lugar de
privilegio. La centralidad no es un devenir histórico “natural”
de los pueblos sino que es un diseño, una política, bastante bien
pensada y militarmente asegurada, que determina la distribución de
los recursos y del poder. Es decir, no existe periferia alguna sin un
centro que acapare, excluya y desplace. Una cosa engendra a la otra.
Desde este punto de vista, resulta bastante
sospechoso cualquier movimiento del centro hacia la periferia.
¿Por qué querría el centro, los que gozan de la
centralidad, por ellos mismos organizada y mantenida (celosamente),
nombrar a la periferia? ¿Por qué querrían los privilegiados
nombrar a los desprivilegiados, si ya sabemos que es en la
desigualdad donde se sustenta todo privilegio?
La historia nos indica que cuando el centro o su
mejor sinónimo, Estados Unidos, mira a la periferia, generalmente es
para mantener su centralidad aunque ésta cueste unos cuantos
muertos, desaparecidos, torturados, desplazados o un par de golpes de
estado. Son los costos del desarrollo. El de ellos, naturalmente.
Jamás el nuestro.
Yo te nombro antes de que tu te nombres a ti
mismo. Es decir me convierto en tu origen. (¿En tu Dios?)
¿Quién tiene derecho a nombrarnos?¿Por qué
razón, yo, en tanto “sujeto periférico” debería ceder el poder
nombrar– me a un tercero, que mas encima es el que perpetúa mi
condición?
Yo creo que no debemos dejar que otro nos nombre.
El nombre es nuestro derecho. El único que nos va quedando cuando
nos han quitado todo.
Yo creo que la pretensión de nombrar al otro,
sobre todo cuando ese otro se encuentra situado, varios escalones mas
abajo en la pirámide de poderes, es una práctica inequívoca de
colonización, del lenguaje, de los sujetos y sus prácticas. Nombrar
la periferia desde el centro es un ejercicio de poder y en esencia,
una estrategia de colonialismo cultural.
Es predecible entonces que el X Encuentro
Hemisférico de Performances, organizado el pasado mes de julio en
Santiago de Chile por la Universidad de Nueva York, en colaboración
con la Universidad de Chile, bajo el lema (¿pretencioso o
inocente?) de “Ex-centricos, soberanías y disidencias”, se
encontrara con un murallón de resistencias, las que se hicieron ver
y oir en escenarios y pasillos, desde el primer día, de las más
variopintas maneras.
Ahora bien, no debería sorprendernos tanto si
tomamos en cuenta que el arte de acción, en Chile, tiene sus raíces
más fuertes en plena dictadura militar, tiempos sangrientos (más
sangrientos o al menos simbólicamente mas sangrientos que éstos)
por lo que cierta virulencia podría ser considerada, casi un rasgo
identitario, por decirlo de alguna manera. Y ni hablar de las
históricas peleas dentro del gremio de los performeros chilensis,
conocidas en el mundo entero, tanto por lo absurdas como por lo
severas.
Ocurre además, la desafortunada circunstancia que
este mentado encuentro, aterriza en Chile en un momento, digamos,
una encrucijada socio – política, histórico - cósmica, mas o
menos apocalíptica, donde estamos todos mas allá de las pelotas.
Un momento, donde la sociedad chilena entera está mirando con horror
en las pantallas de sus celulares, la debacle del sistema neoliberal
extractivista y sus instituciones, las mismas que nos han regido los
últimos 43 años. Estos gringos llegan en medio de una crisis sin
precedentes, ni tan silenciosa y con bastantes muertos, entre el
pueblo y el estado y me parece que ni se percataron. ..algunos
todavía se deben estar preguntando “Whatś going on?”. Pasa
chiquito que esto esta reventando.
Este encuentro organizado por la Universidad de
Nueva York, una institución privada, aterriza en el Chile post
neoliberal, con un modelo de gestión cultural y educacional, más
neoliberal imposible, donde todo está privatizado, tercerizado y
suculentamente capitalizado, incluso nuestra disidencia. Un modelo de
gestión piramidal donde los hoteles y los cócteles los paga
finalmente el “mas débil”, el artista antes precarizado y ahora
colonizado. Un modelo de “gestión” cultural que entiende al arte
y el conocimiento como eslabones de un negocio rentable, pero
rentable para ellos, los capitalistas. Cantinela que conocemos muy
bien, gracias a nuestros gobiernos y que podemos fácilmente
identificar como lo que NO queremos.
El Hemisférico llega y se topa con una
disidencia, lo bastante madura ,al menos políticamente hablando, que
no puede sino reaccionar y canalizar de alguna manera todo el fuego
guardado en el cuerpo (social). Ignorar que la exclusión en general
pero muy por sobre todo en la educación, ha sido la herida por la
que este cuerpo- pais ha sangrado los últimos 15 años, seria
francamente estúpido de nuestra parte y casi inconcebible.
Entonces uno se pregunta, ¿Sabían realmente
estos gringos donde se estaban metiendo? Pues me parece que no. Otro
signo inequívoco de colonización. Al que coloniza no le interesa el
“otro” (ergo, no lo conoce ,ni hace ningún esfuerzo por
conocerlo). Y como no lo conoce, lo subestima...(¡Error Fatal!)
El día en que “el norte” (o quiénes
representen “el norte”) deje de hablarnos de arriba hacia abajo y
se tome la molestia de mirarnos de manera horizontal, al menos
estando en nuestro territorio, sin infantilizarnos, sin colonizarnos
y sin querer apropiarse de todo. El día que el norte sea capaz de
relacionarse con su “periferia”, sin robar (nos) comenzará el
diálogo verdadero y sólo entonces podremos hablar de un encuentro
hemisférico. Entre tanto sólo habrá choques, más o menos fuertes.
Mas o menos divertidos, mas o menos patéticos.
En un diálogo verdadero cualquiera que goce de
privilegios, debe renunciar a establecer relaciones de poder. Es
decir, debe renunciar a enunciarse desde su centralidad o desde
cualquier centralidad.
Sepan además que nadie tiene vocación de
periferia ni de marginalidad. Repito, si existe un margen es porque
existe un centro que acapara, desplaza y excluye.
La palabra es G E N E R A D O R A de realidad
Entonces ¿Cómo evita el X Encuentro Hemisférico
que lleva por lema “disidencias & soberanías” vendernos el
espejo que nos traicionará la cara? ¿Cómo evita esta empresa
privada, dedicada al rubro de la educación, que dice interesarse por
la decolonialidad, colonizarnos con una paxis y una lógica que no
toma ni cercanamente en cuenta la condición política de la historia
de a performance en Chile y que mucho menos toma ni cercanamente en
cuenta la condición de precarización permanente de los artistas
locales (como de la gran mayoría del pais) los que se debaten a
diario y a duras penas en las espesas aguas de la sobrevivencia y que
de ninguna manera pueden permitirse el lujo de gastar 300 dólares en
un encuentro de performances por más nutrido y prometedor que se vea
en el folleto el works shop...? ¿Ha?
¿Cómo explicarles a los que nunca han tenido que
optar entre un viaje y arreglarse un diente, que si eres artista y
trabajaste como un cerdo para tomar los famosos works shops y que si
éstos se dictan en inglés, sin traducción al español, como
ocurrió, lo estas estafando? ¿Y que ya nos han estafado mucho por
querer educarnos?
Porque eso es lo que da rabia, pinches gringos. Ya nos han metido
demasiadas veces el pico en el ojo, sabemos cómo se siente y nos nos
gusta. Créannos. Todo tiene un límite.
¿Asi que les interesa la disidencia? Pues éste
es mi ejercicio de soberanía y disidencia, pinche kutri ñuke.
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