Tuesday, August 27, 2013

Texto presentación de "Abyecta" Guayaquil


El cuerpo como lengua o el cuerpo con lengua: Tránsitos corpóreos por la poesía de Elizabeth Neira o, quizás, tránsitos poéticos por los cuerpos de Elizabeth Neira


Por Berta DíazGuayaquil Ecuador, Agosto 2013


1) "Es que el mundo totalmente vivo / Tiene la fuerza de un infierno". Clarice Lispector  (citada a su vez por la autora en este libro). 


Llego a Elizabeth Neira (Chile, 1973, performera, poeta, activista y ex periodista), gracias a Nelson Bodero, de Camareta Cartonera. Me dice que editará Abyecta, libro que tenemos entre nosotros hoy, en esta preciosa edición de cartón, y que se le ocurre que puedo presentarlo. Por supuesto que acepto, pues Camareta trabaja en serio, conservando la importancia de lo menor, de lo marginal, de la manufactura, de la mirada sobre las voces 'otras', es decir de aquellas a las que no les interesa pertenecer al canon y que por eso crea posibilidades otras para quienes bebemos del arte y podemos seguir andando y encontrando motivos gracias a él.
Leo el libro de un tirón. Me toca literalmente. Mi cuerpo acoge la resonancia del aullido que se expande por estas páginas en ese primer recorrido.  Y luego, leído por segunda vez intentando afinar el intelecto reconozco en este poemario a una poeta que no se queda en el espectáculo de la miseria, de la abyección, sino que se sumerge en ello para desde ahí mostrarse desnuda, desgarrada, latiendo "totalmente viva, con la fuerza de un infierno", jugando con las palabras de Clarice.
Cuando intento escribir sobre el libro, me quedo balbuceante... quizás sea por la intensidad que lo constituye. Entonces, recurro a otras voces, pues parece -y eso lo recuerda la poesía de Elizabeth- que el otro siempre nos nombra, nos permite la existencia. 
Valere Novarina, dramaturgo y filósofo franco-suizo contemporáneo, que es a quien recurro, dice en su  libro ‘Luces del cuerpo’: “El lenguaje es como la materia; él no es el reverso, el otro, la  figura, aquél del frente, sino su análogo. Si uno observa al fondo del lenguaje, él es la cosa misma”. 
Y me atrevo añadir que la cosa aquella que refiere Novarina es el cuerpo: la materia que somos, que nos contiene, que contenemos, aquella materia que al tiempo que nos permite la relación con el mundo, nos genera conflicto por ser lugar y a la vez límite de nuestra propia representación: su finitud, su latente y pronta obsolescencia nos pone en permanente tensión, en situación de inexactitud, de imposibilidad e incluso de inevitable fracaso. 
La palabra da cuenta de aquella tensión del cuerpo, pero al mismo tiempo, le permite ir  más allá de sus limitaciones, de sus límites, de sus bordes. Es decir, permite que el cuerpo se desborde. En la poesía de Elizabeth Neira el pulso del cuerpo se extiende a través de la palabra y se re-crea. Palabra carne. Palabra  imagen. Palabra sexo. Palabra abierta. Palabra que fecunda a otras palabras y que paren a la vez nuevos cuerpos, siempre dispuestos a continuar sus andanzas, con agudezas,  con resquemores y a la vez con potencias tan lúdicas como lúbricas.
En su poema “Para qué negarle al sol” la voz poética dice:
“El otro día salí a la calle con una gota de esperma colgando / como una perla en la esquina de mi sonrisa / no quise negarle al sol / el brillo lechoso de tu regalo por la mañana”
Como creo que pueden ver en estos versos precedentes, y como verán en este libro, los poemas de Elizabeth tienen el pulso del cuerpo: no están configurados por palabras aprendidas, bien hiladas, estructuradas. No buscan la imagen precisa, el tono adecuado para que lo bello acontezca. Más bien, surgen en estado puro, sin pulirse y desde ahí nos abren a una nueva dimensión del sentido de la belleza, en donde lo decadente, lo desbocado, lo imperfecto permiten que el acto del sentir se haya dilatado y haya llegado a nuevas dimensiones. 
Los versos laten, destilan semen, sangre, deseo, aliento, saliva, suspiros, glorias interrumpidas.  Las palabras se retuercen sobre sí mismas, al tiempo que abren surcos en los cuerpos que las consumen y se instalan ahí para también removernos, conmovernos.
En 'Mejor para mí', la voz poética dice: 
“Tengo un poema atascado /  entre la boca del estómago /  que se contorsiona amordazada/ y la otra /  la que quiere besarte// El poema éste, que a veces parece un tumor /me provoca todo tipo de fiebres y dolores. // Me hago la lesa durante días, / hasta que con los ojos desorbitados / Y la cabeza como un petardo atómico / a punto de estallar,/  me voy avergonzada, lejos del mundo a parirlo entre pastizales, /  sin anestesia, como las perras o las jirafas, da igual (…)”
Elizabeth se desborda en sus excesos de literalidad. La poesía parece habitar en el centro mismo de la carne, del latido. No hay una búsqueda formal de la palabra como algo externo a la carne. La búsqueda es hacia el espacio más íntimo. La lógica pareciera decir que la poesía habita en el centro mismo de la existencia. Es la palabra la que es a la vez puente para llegar al sitio donde esta habita. Y al mismo tiempo es la palabra el sitio donde la poesía se encuentra.   
En '58 indicios sobre el cuerpo’, capítulo del libro Corpus, del filósofo francés Jean-Luc Nancy, el autor dice: “El cuerpo es una envoltura: sirve, pues, para contener lo que luego hay que desenvolver. El desenvolvimiento es interminable. El cuerpo finito contiene lo infinito, que no es ni alma ni espíritu, sino el desenvolvimiento del cuerpo”.  La palabra-cuerpo, el cuerpo-palabra que desenvuelve los misterios del propio cuerpo así, entonces, grita, se multiplica, crea un destino otro más allá de sus  desatinos a los que en apariencia está condenado. 
2. "No hay más poesía que la acción" - Pier Paolo Passolini
Abro este nuevo apartado sobre mi intervención acerca de Elizabeth con esta frase de Passolini, a la que llego a través, a su vez, de José Antonio Sánchez, estudioso español de las artes vivas. Y la tomo porque da cuenta de otra parte del  tránsito de Elizabeth, que no está circunscrito a la poesía como desprendimiento, extensión, lugar e imagen del cuerpo, sino que está plagado también por la gestación de acciones que surgen de la poesía y son en sí mismo poesía. 
Hay que recordar que Chile no es solo un país con una fecunda tradición de poetas (desde Pablo Neruda hasta Roberto Bolaño, pasando por Nicanor Parra, Enrique Lihn y Vicente Huidobro), sino además con una importante marca de la tradición del arte acción (pienso ahora mismo en figuras como Pedro Lemebel o en CADA -Colectivo de Acciones de Arte conformado a fines de los setenta por los artistas visuales Lotty Rosenfeld y Juan Castillo, el poeta Raúl Zurita, el sociólogo Fernando Balcells y la escritora Diamela Eltit).  Elizabeth es fiel heredora y subvertidora, al mismo tiempo, de esas dos líneas, desarrollando un trabajo tan fecundo en el ámbito de la poesía como en el de la performance; y haciendo que estas dos aristas del arte se vuelvan concubinas en su andanza. 
Me atrevo a decir, porque lo puedo entrever por su poesía y por lo que he visto en internet de registros de sus acciones, que sus trabajos no están solo comprometido con eros, con el deseo, con lo abyecto, sino, además, están en muchos sentidos comprometidos con un espíritu revolucionario. Genet bien decía: "Cada vez más nos damos cuenta de que el pensamiento revolucionario tiene por origen una moción poética". 
Para dar paso a la poesía que es también acción y visceversa, que engendra Elizabeth Neira, quiero terminar con un fragmento de su Manifiesto Escatológico, que acompañó a su performance titulada 'El enemigo interno' que se presentó en Chile, en el marco de Escena Fractal en 2012.
"Usted siente asco frente a mi caca  pero no siente asco frente al sistema. Y yo le pregunto, ¿Qué es más asqueroso mi caca o la colusión de las farmacias?, ¿Mi caca o el montaje del caso bombas? ¿Mi caca o los precios del transantiago? ¿Mi caca o la diferencia entre el sueldo de un senador y el de un obrero?, ¿Mi caca o la policía apaleando niños mapuches?, ¿Mi caca o el pinochetismo? ¿Mi caca o la constitución política que nos rige?, ¿Mi caca o la cobardía de algunos políticos? "
Basta con observar pocos ejemplos de su producción para notar que estamos ante una artista potente, que está por fuera del orden del mundo y que nos invita a sumergirnos, en tanto lectores-espectadores, a entrar a unas lógicas dictadas por el sentido más íntimo por ese que no acepta moldes ni caminos preestablecidos para desarrollarse. 


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