


Colectivo TransAndina en orden; Matria, Divortium, Dis-Fruta, Coito Andino,
Plaza San Martin, Bar Cultural Etnias y El Galpon Espacio, Lima Peru, fotos JAIR UZZIEL
Crónica de una personal campaña de integración chileno – peruana
De Biotegidos y Matrias Alteradas
Por Eli Neira
Después de 50 horas de viaje por tierra llegue a Lima una fría mañana de domingo a finales del mes de julio. Durante el viaje tuve frío y miedo. Frío porque hacia el norte en esta época durante las noches baja mucho la temperatura, como es bien sabido, y miedo por la densa neblina que nos acompañó la mayor parte del trayecto por el interminable e implacable desierto de Atacama. El frío se solucionó con un café, el miedo (por otras razones) persistiría el resto del viaje.
Yo había acordado estar presente el lunes en una reunión con mis colegas performancistas peruanos Gustavo Reátegui, Miguel Blásica, Christian Franco y Fernando Cassamar, con los que haríamos una serie de acciones públicas durante las fiestas patrias del Perú que se celebraban el miércoles (28 de julio) de esa misma semana. Las acciones aun no definidas las habíamos acordado bien a la rápida con Gustavo por Internet con quien venia sosteniendo conversaciones acerca de realizar performances que cuestionaran el efecto chovinista bicentenario desde hacía algún tiempo.
Así las cosas, una vez en Lima, lo primero fue conocer a mis coperformer. El encuentro fue un agrado en primera instancia ya que sus personas me parecieron de lo más agradables; Luego fue un choque, un choque epistémico se entiende que derivaría en impagable riqueza creativa.
Para comenzar me dijeron: “La idea es que tu, envuelta en la bandera peruana personalices la matria, la tierra y nosotros realizaremos una violación masiva y colectiva (simbólica se entiende) sobre ti”, todo eso en la Plaza San Martin, una de las mas históricas y concurridas de Lima, el día de la Independencia del Perú, siendo yo chilena, con todo lo que eso implicaba.
“Estos tipos no solamente están locos sino que además están cumpliendo en mi un deseo histórico de pitiarse a un chileno”, fue lo primero que pensé y lo primero que dije, dejando de entrada claro que yo no era una artista kamikase, al menos no hasta ese punto, pese a lo que las apariencias pudieran hacer creer.
Del desencuentro vino en definitiva la obra, una trilogía de performances que testimonian nuestro poder como creadores dialogantes y nuestra voluntad de encuentro. Obras que son fruto de dejar claro nuestras fronteras individuales, y del diálogo, largo, intenso, honesto, apasionado, analítico, lleno de referencias y reflexiones acerca de lo que significaba para cada uno de nosotros el arte y hacer arte en nuestros países arrasados por el neoliberalismo. Asi nos fuimos conociendo rápidamente, con la urgencia que demandan las performances. Teníamos dos días para llegar a un acuerdo y a la configuración de un plan de acción que nos dejara satisfechos a los cinco.
Entre reuniones apuradas en un banco de la plaza aparece Carlos, el gerente del Bar Etnias (frente a la plaza) que se compromete con el proyecto y nos ofrecer sus instalaciones para lo que necesitemos, ensayos, reuniones, etc. Su aporte fue crucial. Entre tanto el miedo a la represión policial iba tomando cuerpo y haciéndose cada vez mas evidente en mi. Mis compañeros lo asumen como un reto personal y me conminan a generar confianzas. “No te vamos a abandonar, de ninguna manera, tienes que entender eso” me repetían sin lograr comprender que la realidad chilena me hacía temer justificadamente una pesadilla carcelaria por ocupar el espacio público (de esa manera).
El 28 de julio llego rápidamente con todo el despliegue de iconos patrios que los gobiernos neoliberales saben desplegar tan bien cuando les conviene. La fórmula acordada ya no era la violación masiva sino una procesión conmigo envuelta en el emblema del Perú, que terminaría con un baño de “purificación” en una de las fuentes de la plaza San Martín, una suerte de lavado a la bandera con una bandera viva (y equívoca que ella yo) lo que minorizaba el riesgo que a una temporada en las cárceles peruanas o un escándalo mediático chovinista y lo dejaba solo en el riesgo a una neumonía.
La acción se hizo sin mayores contratiempos, el 28 de julio, día de la independencia del Perú, en la plaza San Martín, sin el gentil auspicio de la policía, que apenas se apareció tímidamente a ver que pasaba. Habíamos saltado la primera vaya y yo había matado mi primer fantasma. Los hilos del biotegido cosa que hablamos desde nuestras primeras charlas, comenzaban a ser visibles. Entre múltiples celebraciones por lo conseguido nos propusimos crear un colectivo abierto y en expansión de acciones de arte, la transAndina, nombre con el que operaríamos de ahí en adelante y que yo robe o tome prestado con las mejores intensiones de una conversación con el poeta argentino Carlos Aldazabal hace unos años ya en Buenos Aires (Carlitos estarías orgulloso de ver todo lo que hicimos con tu nombre!).
La segunda semana de mi estadía en Lima, ocurrió lo inevitable, luego de una noche de copas con insignes personajes de la noche limeña, un taxista me asalta y me roba toda la plata, los pesos chilenos, los soles y los dólares, dejándome en pelotas. El robo generó una prueba de fuego para lo que seria la unidad de nuestro grupo. Sin tener recursos pero si toda la voluntad mis colegas se ponen de inmediato a mi disposición para lo que sea, generar plata, casa, compañía, tranquilidad, etc. Ellos resuelven pedirle al gerente del Etnias alojarme en el bar donde hay espacio de sobra, internet, teléfono y la mejor onda. El acepta de inmediato. Paralelamente y como las tragedias nunca vienen solas, me como un ceviche y me da una salmonela que me tuvo cagando agua toda esa semana (Perdón lo literal pero las cosas del cuerpo son asi…)
Crear en esas condiciones se transformó en un doble reto. La segunda acción sería entonces la estación dolorosa. Ahora se trataba de ir mas lejos, necesitábamos romper algo, sentir la emoción del riesgo verdadero según palabras de mis colegas. Luego de infinitas conversaciones acordamos que haríamos una charla abierta en la plaza y nos iríamos vistiendo ahí mismo para luego aparecer yo con una panza de embarazada y ser envuelta en una bandera peruana gigante como momia fúnebre para ser trasladada en andas en procesión por la plaza y de ahí al etnias, donde daría a luz un conjunto de símbolos que tenían que ver con los alimentos andinos. Esta vez la policía, probablemente ya advertida, no fue tan discreta y llegaron varios agentes en motos a impedir el desarrollo de la performance. Pero entonces surgió el milagro y la misma gente aglutinada en torno nuestro, comenzó a increpar a la fuerza pública para que nos dejaran trabajar. “Queremos arte”, “Dejen trabajar a los muchachos” decían. De pronto aparecieron los chicos de la red de Hip Hop Zona Liberada que eran como mil (con los que había trabajado Franco) y se suman al apoyo popular y comienza una procesión masiva con la gente coreando (espontáneamente) arengas libertarias del toque “!Por una matria nueva!,! Viva Chile, Viva Perú libres!, Viva America Latina Libre!!! Y otras por el estilo que jamás pensé vivir para escucharlas, menos en ese escenario y de esa manera, arriba de mis 4 colegas, envuelta como una humita en el emblema del Perú preguntándome ¿Qué estoy haciendo?, ¿Qué esta pasando?, ¿Iremos presos de una puta vez?.
Ya en el Etnias y luego de comprobar que los chicos no me dejarían caer por las escaleras como pensé siempre desde mis múltiples miedos chileno-burgueses que ocurriría, yo suelto mi carga de maíz, papas y hojas de coca en el suelo y comienza el ritual colectivo de comernos estos alimentos que dicho sea de paso compramos en el mercado central de Lima en lo que fue para mi un paseo por las entrañas mismas del Perú y su riqueza alimentaria.
La segunda, estación, la dolorosa había sido cumplida. La tercera tenía que ser una fiesta, asi que la llamamos Coito Andino, Dis – Fruta, la estación gozosa. El plan consistía en dibujar un mapa teológico místico en el suelo de la galería El Galpón (un espacio independiente dedicado a las performances formado por artistas para artistas en el distrito de Pueblo Libre) acerca de nuestros roles arquetípicos según la numerología. Éramos el número 5 la familia, yo era el 0, lo femenino, el centro, la energía centrífuga, la concha, la que absorbe, mata y vuelve a dar ida. Se trataba de recrear sobre este mapa un espacio pre adanico, un paraíso frutal que luego destruiríamos con nuestras acciones, del orden al caos y luego al nuevo orden, a lo humano. Por primera vez estábamos los 5 desnudos, en igualdad de condiciones, la fruta en el piso, la cosmogonia en el suelo dibujada. La pieza se transformó en una orgia frutal de casi una hora de duración donde entre sandias, papayas, piñas, manzanas y naranjas, hicimos y nos hicimos, de todo, nos acariciamos, nos amenazamos, nos golpeamos, nos abrazamos, nos masturbamos, nos meamos, nos trasvestimos, nos perdonamos, nos encontramos, comimos y fuimos comidos por una ceremonia dadaísta que implico un despliegue de energías muy visible de nuestra parte.
Y como la performance es invocación ese fin de semana el disfrute no paro hasta el día lunes en la mañana cuando tome el bus que traería de vuelta a Santiago con la sensación de haber hecho algo determinante para mi carrera como artista.
Con el correr de los días y el decantar de la experiencia pienso que son varios y contundentes los logros. El primero y el más evidente es haber roto en nosotros mismos como artistas y ciudadanos de países enfrentados, odiosidades impuestas. El odio chileno peruano (o peruano chileno), es una realidad que existe, producto de una guerra terrible y no tan antigua de la cual se han aprovechado los gobiernos y cuyas consecuencias padecen nuestros pueblos, a uno y otro lado de la frontera. (Los empresarios no tienen problemas en juntarse para hacer negocios…)
El segundo logro es haber llegado a un método para hacer una obra colectiva basado en la transa, transar consecutivamente ideas individuales hasta llegar a un punto de encuentro aunque eso costara tardes noches y mañanas de eternas y riquísimas discusiones, eliminando el voto como resolutivo por ser estructuralmente individualista (contempla el sometimiento y no la transformación). Otro logro es haber instalado en el espacio público una obra contemporánea con una mirada prehispánica. Vivimos en ciudades donde conviven y chocan los tiempos indígena y modernizantes. (Siento que el viaje a Lima estuvo preñado de un segundo viaje (que recién comienza) y que fue el viaje al interior del pensamiento andino).
Haber hecho todo eso desde nuestra voluntad, sin auspicios, sin instituciones de por medio, sin mas apoyo y padrinaje que el de los amigos, la familia y la gente que en el camino se fue sumando.
En lo personal este trabajo, mis compañeros con sus acciones y actitudes, sanaron en mí confianzas básicas profundamente dañadas por vivir en una sociedad que tiene una estructura de pensamiento completamente capitalista, individualista, competitiva, desconfiada y egoísta. Estoy segura de que a eso aludía Franco, cuando hablamos de hacer arte para generar (en mi caso para restaurar) biotegidos, basados en el vínculo, en la confianza, en la entrega desinteresada, biotegidos dañados por la lógica del capitalismo que en Chile lo impregna todo desde hace ya casi 4 décadas. Creo que en lo que en mi respecta, logre bioteger y sentir el biotegido “Hacer la re-evolución interior para que nazca el hombre nuevo” decía Roberto Matta.
No se si soy mas buena o mas vil después de la experiencia vivida, lo que si se que hoy conozco caminos nuevos donde ocupar el espacio público no termina necesariamente en la cárcel, donde la gente no necesita cagarse mutuamente para conseguir un objetivo. Tengo de ganancia la experiencia de que sin plata de por medio se puede hacer una obra de arte que es una experiencia vibratoria. Que todo eso me sucediera a mi siendo chilena en el Perú, en un país al que nos enseñaron a despreciar y a odiar (asi como a ellos les ensañaron a odiar y despreciar a los chilenos), me parece la máxima riqueza de esta transa que esperamos continúe prontamente acá en Chile. ¿Algún auspiciador que se la juegue?
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