Friday, March 09, 2007

Bolivia, Capitulo 3


BOLIVIA
Capítulo 3

(Los capitulos 2 y 1 se encuentran dos o tres entradas mas atrás en este blog)

Apenas salimos del bar buscamos una farmacia abierta donde comprar condones. Excitados como estábamos después de una noche de sincera y dinámica seducción mutua, fue un verdadero vía crucis.
No había farmacia abierta en lo que me pareció una eternidad. Recordé que alguna vez compré forros en una bomba de bencina cerca de mi casa. Tomamos el taxi y bajamos raudos por la Avenida Vicuña Mackenna que a esa hora, cerca de la una de la madrugada, dirección Puente Alto, se ve tan desolada.
¿Era en la Copec? ¿O en la YPF de más allá donde los compré aquella vez? Duda mortal que se traducía de manera creciente en minutos de angustia. Sí, porque ante la expectativa de algo grande y lindo, yo me angustio y ese día tenía ese presentimiento que algo grande y lindo me pasaría en las próximas horas si es que encontrábamos un puto lugar donde comprar los benditos condones. Odié a la Iglesia Católica por mi espera. Dije que todo era culpa de los curas que en este país intervienen como les da la gana en asuntos tan gravitantes como lo son los de salud pública. Sí, porque la salud sexual es un asunto de políticas de salud pública. El Sida es una pandemia a nivel mundial (dije). Es criminal exponernos a la muerte de esta manera (dije o mas bien grité en medio de la calle).
Luego siguió una larga lista de anatemas contra del Estado de Chile, órgano timorato y perro fiel de los poderes fácticos, es decir los podridos dueños (siempre los mismos) de nuestro país. Dije que la culpa era de la derecha cuyos diputados gustan de celebrar orgías con niños pobres y luego comerse su caca, si no matarlos.
¡Yo solo quería coger con el encantador desconocido que corría a mi lado en busca de preservativos en esta ciudad de mierda, hipócrita, miserable y castigadora con los gozadores. ¡Milicos!, eso es lo que somos, TODOS, y esta ciudad no es una ciudad es un cuartel militar con toque de queda y prohibición de reunión y de reunión íntima.
Todo eso dije.
La vida es demasiado corta y demasiado dura para sufrir así.
Probamos primero en la Copec. No tenían. Cruzamos la avenida Vicuña Mackenna que a esa hora se ve tan desolada. En la YPF tampoco vendían. Un tipo de lentes que nos miro socarronamente después de la consulta de nuestra compra, nos vendió una cerveza escudo desechable (Porque obvio, asi como no llevábamos en los bolsillos condones, tampoco teníamos un envase de cerveza (en este país nadie te da nada si tu no le das algo a cambio)
Y como se adivinará, tampoco teníamos ninguna predisposición para ir a buscar alguno.
A falta de condones y previniendo que a esa hora no habría en toda la comuna una botillería abierta (otro drama) decidimos no perder el viaje del todo y comprar una cerveza de litro que luego gozaríamos en ese lapsus laxo del sexo, donde da sed y ganas de mear, llamado post coito. La cerveza, (que nos costó un ojo de la cara, casi el doble de su precio “diurno en una botillería cualquiera), por suerte estaba bien helada.
Nos sentíamos perdidos, estábamos calientes y sin condones en mitad del cruce de Santa Elena con Vicuña Mackenna sin posibilidad cierta de conseguir un uno en millas a la redonda. Odié otra vez al Estado de Chile. Grité anatemas contra la señora presidenta (por quien voté en las pasadas elecciones y a quien ciertamente admiro y respeto pero déjenme decirles que hay cosas como el transantiago o el transacrificio como lo bautizo un amigo mio, que son el COLMO). Porque déjenme agregar, respetables lectores y haciendo un aro aro en esta historia, que yo soy una ciudadana respetable que pago mis impuestos de manera regular, por lo tanto tengo derecho a acceder a un paquete de bienes y servicios (mínimos) que el capitalismo debería proveerme sin tantos problemas.
Volviendo al cruce, maldije también a la señora ministra de salud a quién no tengo el gusto de conocer pero sobre quién creo recae la responsabilidad inmediata de todo este quilombo. Y por último, como suelo hacerlo cada vez que tengo un disgusto de índole económico (porque la escasez sea de condones como de farmacias abiertas es economía pura), a la señora ministra de cultura. Juré poner una bomba la semana entrante.
Mi acompañante no se rió.
¡ La frustración me quemaba y me castraba!. Sentía ira por dentro. Pese a lo cual “A”, mi acompañante, no mostraba el mismo grado de inquietud si bien dijo coincidir conmigo en todos los puntos anteriormente expuestos, sobre todo lo referente al ministerio de salud.
¡En Argentina venden forros en los kioskos que además están abiertos toda la noche!! Alegué. (Ya que la Argentina constituye mi único referente de lo que significa habitar otro país y otra cultura, por un tiempo considerable) Podría haber citado como ejemplo a Nueva York donde imagino los condones cuelgan de los árboles, como frutos maduros. También podría haber hablado de Ámsterdam donde imagino que los condones los repartirán en los bares, restaurantes, conciertos, con un cigarrito de marihuana. Hablé de Argentina porque es lo mas real que podía decirle.
Tomamos otro taxi, le preguntamos al chofer, mas por una mecánica de la repetición que por albergar esperanzas verdaderas, por una farmacia en el sector. No sabía, ¿Un Servicentro?, tres comunas más allá. Paramos el taxi, nos bajamos, nos encaminamos a casa.
“Bueno, podemos tocarnos” le dije en el camino.
Llegamos, nos besamos, nos sacamos la ropa, se la chupé, me la chupó y me dijo
“Quiero metértela”
Yo le respondí
“Yo también quiero pero me he acostado con medio Chile”
Me miró y me dijo: ¿Veamos primero si el tipo de la botillería nos vende un condón?,
¿O algún vecino?
Seguro, la gorda de abajo, pensé.

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